
SALA DE HUESOS
Comedia macabra
de Benjamín Gavarre
SALA DE HUESOS. © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International
La muerte es inevitable. La burocracia divina es verdaderamente un fastidio.
En Sala de Huesos, el más allá pierde toda su mística solemne para convertirse en el terror contemporáneo por excelencia: una sala de espera sin fin. Esta farsa de humor negro es la pieza ideal para celebrar la temporada de Día de Muertos y Halloween. En este ágil sketch coral, un variopinto grupo de esqueletos se enfrenta no al más allá, sino al aburrimiento, la intolerancia y a la peor maldición de todas: tener que soportar al prójimo.
PERSONAJES:
- REGINALDO (El Petulante): Actitud de modelo, chaqueta de cuero y complejo de fisicoculturista. Obsesionado con el calcio.
- TATO (El Adolescente Modoavión): Desparramado, con sudadera, gorra y audífonos. Nada lo conmueve.
- DON JUVENAL (El Viejo Cascarrabias): Amargado, territorial. Usa su bastón como arma defensiva.
- DON ROQUE (El Fatigado): Literalmente se está desarmando. Pierde piezas a cada momento.
- ELVIS y BETO (Los Gordos): Dos esqueletos de "hueso ancho" propensos a atorarse en el mobiliario.
- EL PLATICADOR: Inoportuno, hiperactivo, desesperante.
- SEBASTIÁN (El Guapo Joven): Moderno, carismático, galán de la vieja escuela y con buena postura.
- CUPIDO (El Iluso): Enamoradizo, dramático, coqueto y experto en anatomía romántica.
- DON SEVERO (El Desesperado): Hipocondríaco extremo. Entra en pánico por cualquier dolor fantasma.
- EL DESPISTADO: Desconectado de la realidad. Lee folletos al revés.
- EL FAMOSO RICARDO (RicoRico, porque está bien Rico): Gafas de sol gigantes, bufanda de seda. Alzadito.
- LA ENCARGADA: Peinado rígido, lentes y la peor actitud burocrática del universo.
- PACIENTE EN CAMILLA y PARAMÉDICOS.
[ESCENA ÚNICA]
INT. SALA DE ESPERA DE "TRÁNSITO Y DESTINOS" - LA ETERNIDAD
1. La burocracia del más allá
(Donde descubrimos que la eternidad es una infinita sala de espera y conocemos a los primeros esqueletos atorados en el aburrimiento).
La sala es un caos de huesos, murmullos y desidia burocrática. Al fondo, un gran cartel desgastado reza: "TOME SU NÚMERO (ESPERE SENTADO... NO TOQUE LA PUERTA: NO ABRIMOS)". Otro cartel advierte: "PROHIBIDO MORIRSE".
Varios esqueletos están encorvados sobre sus celulares, totalmente ignorantes de su entorno. En el centro, REGINALDO flecta los brazos y posa de perfil, mirando discretamente a los lados para ver si lo admiran.
REGINALDO: (Susurrando para sí mismo mientras "aprieta" los bíceps inexistentes). Uf... este mega calcio no se consigue de la noche a la mañana, papá. Qué porte, qué densidad ósea, qué estructura. La muerte me sentó increíble. Miren, miren… chequen este esternón, es pura simetría.
Al lado, TATO está tan desparramado en su asiento que parece que se va a resbalar al piso. Apenas mueve los dedos para mandar mensajitos.
REGINALDO: Oye, chamaco. Un poco de respeto a la columna vertebral, ¿no? Siéntate como la gente. Mírate, pareces un montón de escombros después de un terremoto. Te vas a quedar sin nalgas.
Tato ni lo voltea a ver; solo quita el bluetooth de sus audífonos, y deja que se escuche un movido reguetón.
TATO: (Voz monótona, sin mirarlo). Relájate, ruco. El reguetón afloja las vértebras. (Luego se vuelve a poner en Modo Avión... ignorando a todos y todo, y se resbala un centímetro más. Su cadera queda al borde del asiento).
2. La lucha por el espacio personal
(Donde comprobamos que los achaques no desaparecen con la muerte, y conseguir o mantener una silla es un deporte de alto riesgo).
En la fila contigua, DON JUVENAL tiene un asiento a su izquierda ocupado por tres bolsas de supermercado llenas de frascos de medicamentos, cajas de medicinas, vendas, galletas saladas… y su bastón. DON ROQUE se le acerca arrastrando los pies de manera agónica.
DON ROQUE: (Voz temblorosa y asmática). Disculpe, jefe... ¿Está... ocupado? Me pesa hasta el alma... y creo que la rótula izquierda se me está aflojando.
DON JUVENAL: (Tapando los asientos con los brazos extendidos). ¡Sí! Está ocupadísimo. Va a venir mi cuñado. Y en el otro va mi reumatismo, que no tarda en morirse y viene p’acá. ¡Búsquese otro sitio, no moleste!
Don Roque suspira. Al intentar darse la vuelta, se le cae el brazo izquierdo completo al suelo con un sonido seco (¡CLACK!). Don Roque se le queda viendo al brazo con resignación.
DON ROQUE: Ay, todo me pasa. ¿Me lo pasa, jefe? Es que si me agacho se me sale el esternón.
DON JUVENAL: (Usando su bastón para patear el brazo lejos). Úscale, sáquese, viejo apestoso. Lávese los isquiones que apestan… ¡Sáquese! ¡Y no ande dejando sus porquerías en mi zona!
Don Roque, resignado, se apoya en Don Juvenal para balancearse. En un movimiento rápido, le arrebata el fémur sobrante que Don Juvenal usaba para sostener una bolsa. Don Roque lo usa como muleta improvisada y se deja caer pesadamente sobre el asiento libre.
DON JUVENAL: ¡Ay! ¡Viejo Ratero! ¡Seguridad! ¡Se llevó mi hueso! ¡Ayuda!, ¡soy un pobre anciano indefenso!
A un lado, ELVIS y BETO están teniendo una crisis estructural intentando compartir las típicas sillas de plástico unidas por una barra de metal.
ELVIS: (Apretujándose, con la pelvis encajada). ¡Ah, no! ¡Esta silla se me está encajando! Oye, Beto, empújame la pelvis, creo que mi fémur se atoró y siento que se me hunde en el coxis. ¡Empuja con fe!
BETO: (Haciendo palanca con los brazos de Elvis, sudando aire). ¡Te dije que debimos formarnos en la UNIFILA! ¡Por favor! ¡¿Nadie tiene nunca piedad por los que somos talla XXXL?! A ver, salgamos del brete… ¡Gordos unidos… al ataque! ¡A la de tres! ¡Una, dos... tres!
(El fémur de Elvis se destraba de golpe. Por la fuerza del impacto, Beto sale disparado hacia atrás, rebota contra la pared y cae sentado exactamente en las piernas de REGINALDO, arruinándole la pose).
REGINALDO: (Indignadísimo, intentando quitarse a Beto de encima). ¡Cuidadito que me arrugas el Outfit! ¡Y casi me astillas el cúbito! ¡Quítate, gordo!
3. El metiche del purgatorio
(Donde hace su aparición ese personaje hiperactivo y desesperante que siempre quiere contarte su vida en las filas y en salas de espera).
EL PLATICADOR aparece de la nada, caminando rápido y con energía endiablada. Se mete a la fuerza en el microespacio que quedó entre Elvis y Beto, aplastándolos aún más.
EL PLATICADOR: ¡Uy, y qué apretados que estamos, eh! ¡Puro calor humano, eso me gusta! ¿Ustedes de qué murieron? Yo me caí de una azotea por andar de metiche viendo el chisme de los vecinos. Un resbalón tonto, fíjense. Todo el pleito era por un balón y un vidrio roto: clásico. El chisme estaba buenísimo, pero el piso no tanto. Paf, cataplum… ¿Y ustedes? ¿Les gusta el “Nesqui” con extra calcio? O no tanto. Uhh qué caras largas.
ELVIS: (Asfixiado, con las costillas crujiendo). Oiga... Sí sabe que hay un espacio personal ¿no?... hágase p’álla… Le huele el sobaco, fuchi.
El Platicador se encoge de hombros, se levanta de un salto de comedia y va directo hacia Tato, que sigue en su viaje astral. El Platicador le da un manotazo amistoso en la espalda a Tato.
(Acción física: el manotazo hace que Tato, que estaba al borde de la silla, se resbale por completo y termine en el piso en una pila desordenada de huesos y vendas elásticas… Empieza a gemir cómicamente, pero no lo pueden ver).
EL PLATICADOR: (Sin darse cuenta del desastre, hablando al que se deje). ¿Les gustan los memes? Yo les digo los Mames, jaja… No mames… jeje… Tengo un sobrino todavía vivo que no suelta su aparato ese. Todo el día, toda la noche escroleando… ¡Sabían que ver mucho el celular te deja ciego! Bueno... Hay que tener un poquito de mesura, como decía mi madre… Hijo mío, hay que tener mesura… ¡jajaja! Ya nadie tiene mesura en estos días, ¿qué no? ¿Sí o no, chamaco? ... ¿Chamaco? ¿A dónde se fue?
Tato, desde el piso, solo saca un bracito súper delgado y una mano larguísima esquelética de la sudadera y le hace una seña de "amor y paz" con los dedos, sin levantarse.
TATO: (Grita porque tiene el volumen de su música a tope). ¡ESTOY BIEN!
4. Código astillado
(Donde una emergencia médica interrumpe el letargo y termina en un cómico desastre anatómico de piezas sueltas).
De pronto, las puertas dobles de la izquierda se abren con un estruendo dramático. Dos PARAMÉDICOS entran a toda prisa empujando una camilla con un PACIENTE hecho un verdadero rompecabezas de huesos sueltos.
PARAMÉDICO 1: ¡Abran paso! ¡Código Astillado! ¡Cuidado con el cráneo suelto, cuidado con el maxilar porque muerde… Se puso bravo… Cuidado con el maxilar!
PARAMÉDICO 2: ¡Agárrale el coxis, que se nos desarma! No dejes que se nos descomponga… ¡más!
Al ver pasar el desastre, el pánico y el asco se apoderan de la sala. Todos se tapan el cráneo o las cuencas de los ojos con sus huesudas manos.
REGINALDO: (Tapándose el rostro). ¡Por favor, un poco de decoro! Qué falta de educación y de decencia… ¡Cómo yo vine a parar a un lugar tan miserable! Yo siempre fui VIP… Ah, qué pena, qué pena… ¡Una tragedia, una tragedia!
El Paciente en la camilla gira su cráneo lentamente. Sus cuencas vacías miran a toda la sala con absoluto terror. Con una mano temblorosa que apenas se sostiene de los ligamentos fantasma, levanta dos falanges. Empieza a hacer unos trazos frenéticos en el aire hacia los demás.
DON SEVERO: (Señalando a la camilla). ¡Miren! ¡Nos está bendiciendo! ¡Es un santo mártir!
DESPISTADO: A mí se me hace que nos está mentando la madre… Mira, ese clarísimo es el dedo levantado, reconozco ese dedo, es el dedo medio levantado, mugre viejito grosero.
El Paciente sigue haciendo señas todavía más injuriosas y todos levantan las cejas mientras la camilla tropieza con el bastón de Don Juvenal.
(SLAPSTICK: El Paciente sale volando horizontalmente de la camilla, cruza el escenario y cae perfectamente sentado en los hombros de DON SEVERO).
DON SEVERO: (Cargando al paciente sin cabeza, entrando en shock). ¡Ay Dios mío! ¡Se me duplicó la columna! ¡Siento un peso muerto! ¡Es un tumor óseo! ¡Doctor, ya me dio una embolia!
El Paciente (que quedó sin cráneo en los hombros de Severo) estira una mano temblorosa hacia el piso, donde su cráneo se quedó rodando como bola de boliche. El cráneo se detiene a los pies de EL DESPISTADO.
DESPISTADO: (Mira el cráneo en el piso, luego lo mira por dentro). Ah, mira… qué curioso este cráneo… pero no tiene maxilar…
(El Despistado busca en el piso y encuentra un maxilar. El maxilar le muerde los dedos de la mano).
DESPISTADO: ¡Ay, cabrón! ¡Óigame, señor! ¡Usted es una persona Horrible! ¡Horrible!
Los Paramédicos corren, recogen el cráneo, y el maxilar mordelón… Bajan al Paciente malvado de los hombros de Don Severo (quien se queda hiperventilando) y se lo llevan a rastras por las puertas de urgencias.
5. El ídolo de multitudes
(Donde hace su gran entrada triunfal una estrella de televisión que exige trato especial, chocando con la cruda realidad del purgatorio).
Las puertas principales se abren de nuevo, esta vez con música de fanfarria imaginaria (o muchísimo dramatismo). Entra EL FAMOSO RICORICO, mostrando cuerpo… posando con las manos en la cadera, gafas oscuras gigantes y bufanda al cuello. Espera una ovación que no llega.
EL FAMOSO: (Teatral, proyectando la voz hacia la nada). ¡Tranquilos, tranquilos, mi público adorado! Ya llegué. ¡Yaaa Llegué!... (Se oyen grillitos). Sé que la espera es dura y quieren un autógrafo, pero hagamos una fila ordenada. Hay fama para todos en la eternidad. Hay fotos con flash para todos. ¡No empujen!
Silencio absoluto. El sonido del grillito se convierte en el efecto de un grillo espectral. El Despistado se le queda viendo fijamente, “entrecerrando las cuencas”.
DESPISTADO: Oiga... ¿Yo lo conozco a usted? Anunciaba pomada para hemorroides. En el Metro…
EL FAMOSO: (Bajándose las gafas, indignadísimo). ¡Por el amor de Dios! ¡Hemorroides! Yo no sé qué es eso. ¡Yo Soy Un Ídolo! Anunciaba Cartier Number SIX (Performance: la experiencia!) ¡Mi muerte conmocionó al Planeta, a mi Funeral llegó el Papa… y Llegaron los… Rolling… Y… Madonna…
(Suena un “Ba dum tss” cada vez que el Famoso dice una exageración o una mentira más…)
Furioso por la falta de atención, marcha directo hacia la puerta de atención y golpea con su anillo gigante.
EL FAMOSO: Señorita, disculpe. Soy una figura pública de alto impacto orgánico. No puedo estar aquí revuelto con... la economy class más allá. Exijo mi pase VIP, mi sala lounge y un café con leche de almendras. Fui el villano que todos amaban odiar en "La Gaviota Apasionada" y morí heroicamente... en…
LA ENCARGADA: (Sin despegar la vista de sus papeles, tecleando flojamente con un solo dedo). Su expediente dice que se tropezó con un cable de iluminación en el set por vanidoso, al no querer usar sus lentes graduados. Llene la forma 404, anexo B de "Defunciones Ridículas por Falta de Visión" y fórmese al final de la línea. El supervisor lo atenderá en cuanto regrese de su hora de comida.
EL FAMOSO: ¡¿Y a qué hora se supone que regresa ese mentecato?!
LA ENCARGADA: Salió a comer sus tacos sudados. Ya no debe de tardar porque siempre se le acaban al señor, los mejores son los de chicharrón. Siéntese y espere… Siguiente.
El Famoso bufa, avienta su bufanda con drama y se va a sentar a un rincón, farfullando sobre cómo va a demandar a todos con su bufete de abogados.
6. Romance libre de cartílago
(Donde Cupido y Sebastián descubren que las apariencias engañan en el mundo de los huesos, pero el amor prevalece por encima de las etiquetas).
Mientras tanto, en las sillas de la derecha, SEBASTIÁN y CUPIDO llevan un rato charlando muy juntos. Cupido, con timidez exagerada, pero con mucha emoción, le acaricia el cúbito a Sebastián.
CUPIDO: ...y entonces, al ver la perfecta alineación de tu columna y tu postura, me di cuenta de que eres exactamente mi tipo de caja torácica. Tienes unos omóplatos... tan sexys, tan esculpidos… suaves al tacto… como si fueras un dios olímpico, como si fueras una obra de Praxíteles.
SEBASTIÁN: (Sonriendo, halagado, pero de pronto baja la mirada y examina la cadera de Cupido). Ya, ya… que me sonrojo… Oye... tus falanges son un poco… y tienes los dedos muy... Y tus manos son como de… Estoy viendo tu pelvis... qué estrecha y masculina es tu pelvis... ¡Tu esqueleto es el de un hombre! Eres un hombre con manotas.
CUPIDO: (Se pone de pie de un salto, ofendidísimo, con las manos en la cintura). ¡No tanto! Bueno, sí… Era jardinero… Y eso de las etiquetas no son lo mío… Hombre, mujer, huesos… Qué más da.
SEBASTIÁN: ¡Pero me estuviste tocando todo el tiempo y no me dijiste nada! ¿¡Pensabas que no lo iba a notar!?
CUPIDO: (Haciendo un ademán teatral de telenovela, exageradísimo). ¡Detalles, Sebastián! ¡No te hagas el ofendido, que bien que te acomodé la clavícula y suspirabas!
Sebastián se tapa el rostro, abochornado, mientras El Platicador, que estaba escuchando todo metido entre ellos, suelta una carcajada escandalosa que hace eco.
EL PLATICADOR: ¡Eso! ¡Un aplauso! ¡Mueran las etiquetas!… ¡Viva el amor entre esqueletos libres!
7. Código Pandemia
(Donde una alerta en los teléfonos móviles desata la hipocondría colectiva, provocando una estampida digna del mejor sketch cómico).
DON JUVENAL: (Levanta la vista de su viejo celular de teclas, alarmado por un sonido de notificación antiguo). ¡Oigan todos! Me acaba de llegar una cadena de alerta de Whats. Viene con letras rojas y calaveras asustadas. Dice que anda suelto un nuevo virus.
ELVIS: ¿Un virus? ¿Aquí? ¡Ni lo mande Dios!
DON SEVERO: (Agarrándose el cráneo con desesperación, entrando en pánico instantáneo). ¡Dicen que es una cepa terrible! ¡Se contagia por el aire! ¡Se te pueden caer todos los dientes!
En ese preciso instante, las luces de la sala parpadean violentamente y se vuelven rojas. Una alarma de fábrica vieja comienza a aullar con fuerza: "¡BEEP! ¡BEEP! ¡BEEP!".
La ventanilla de recepción se abre de golpe. LA ENCARGADA asoma la cabeza con un cubrebocas con calaveritas.
LA ENCARGADA: (Por un megáfono defectuoso que hace vicio con la voz impostada). ¡Atención a todos los usuarios! Se confirma el reporte. ¡Código Pandemia! Un virus altamente contagioso está en todos lados. Hay que evitar Todo contacto… ¡Repito, quédense en casa… eviten el contacto y lávense las manos--- Peligro inminente de muerte! Repito…
El megáfono tiene una falla fatal. Un pánico total les pega a todos de golpe. Los síntomas imaginarios hacen que todos tosan, se cubran, caminen encogidos… Cunden el caos y el pánico.
REGINALDO: (Llevándose las manos al cuello de la chaqueta). ¡Ay Dios de los esqueletos blancos! ¡Siento la garganta reseca! ¡Mis glóbulos blancos ya no funcionan! Quiero Paracetamol, voy a la farmacia, necesito suero oral… quiero unos electrolitos, prontooo.
BETO: (Tosiendo fuerte, sacando nubes de polvo blanco de sus costillas). ¡Elvis, me falta el aire! ¡Creo que me subió la temperatura de la pelvis! ¡Siento el fémur hirviendo!
ELVIS: (Soplándose desesperado con una revista vieja y empujando a Beto con el pie). ¡Guarda tu sana distancia! ¡Aléjate! ¡Soy población de riesgo: Tengo el hueso ancho y triglicéridos a tope!
EL FAMOSO: (Cubriéndose todo el cráneo con su bufanda de seda como si fuera un ninja). ¡Exijo mi vacuna VIP! ¡Quiero mi habitación privada! No acepto llamadas, repito, toda entrevista cancelada. Abur, tarados.
TATO: (Aún en el piso, levanta un poco la cabeza). ¿Virus? Chale. Otra vez clases en Zoom… qué hueva… ¿Neta? (Vuelve a dejar caer el cráneo al piso).
DON ROQUE: (Temblando tanto que hace sonar sus huesos como maracas, tira el fémur robado). ¡No quiero morir! ¡Ayuda!
LA ENCARGADA: (Rociando una lata gigante de desinfectante en aerosol directamente a la cara de los que están cerca y por toda la ventanilla). ¡Se ordena la evacuación inmediata del inmueble! ¡Corran por sus vidas! ¡El último en salir se queda en cuarentena perpetua limpiando los baños del purgatorio!
(ESTAMPIDA FINAL: Comienza el caos total en cámara rápida. Don Juvenal tira todas sus bolsas a la cara de El Famoso y corre con una agilidad de atleta olímpico saltando sobre las sillas. Reginaldo huye tosiendo con los brazos estirados como zombi dramático. El Famoso usa a El Platicador como escudo humano, empujando a los gordos Elvis y Beto, quienes se quedan atorados juntos en la puerta principal tapando la salida como un tapón de corcho).
ELVIS y BETO: (Gritando al unísono, presionados en el marco de la puerta). ¡Uno por uno! ¡Nos vamos a romper! ¡NO EMPUJEN!
(La Encargada corre desde atrás, toma impulso y salta por encima de su propio mostrador de la ventanilla, cayendo encima de la pila de esqueletos en la puerta. Con el impacto, el "tapón" cede y todos salen disparados hacia el pasillo exterior en un torbellino de gritos, huesos chocando y puertas azotándose).
8. La eternidad es larga
(Donde el polvo se asienta en la sala vacía, y descubrimos que lo único que realmente sobrevive a todo es un buen café y una gran compañía).
La sala se vacía en cuestión de segundos. Una densa nube de polvo de hueso se asienta lentamente en el escenario. La alarma roja sigue parpadeando en silencio.
En medio de la destrucción y las sillas volteadas, solo quedan SEBASTIÁN y CUPIDO, intactos, congelados exactamente en la misma posición dramática de su pleito amoroso.
Miran hacia la puerta por donde todos acaban de escapar pisoteándose. Se escucha el eco lejano de los gritos desvaneciéndose en la eternidad. Sebastián baja lentamente los brazos, mira a Cupido y parpadea con absoluta incomprensión.
SEBASTIÁN: Oye... espérate un momento. Pero si ya estamos muertos... enterrados, velados y con acta de defunción... ¿de qué carajos nos vamos a morir? Qué gente tan ridícula, de veras.
Cupido ladea la cabeza, relaja su postura indignada, sonríe mostrando todos los dientes y le da un golpecito coqueto y tierno en las costillas a Sebastián con el dedo índice.
CUPIDO: Ay, Sebastián... además de tener una estructura ósea divina y ser guapo, eres analítico... Cada vez… me gustas más.
Sebastián suspira con profunda resignación, haciendo traquetear sonoramente todas sus costillas en un sonido cómico, y se encoge de hombros.
SEBASTIÁN: Ya qué más da. Nadie es perfecto, ¿no? Total, la eternidad es larga... Vamos a ver si en la cafetería del infierno venden capuchinos o de pérdida un café de olla. Invito yo.
CUPIDO: (Enganchando su brazo con el de Sebastián). Bien, pero la próxima yo pago… porque tú, desde ahora, eres mi otra mitad.
Sebastián asiente y sonríe, ya totalmente enamorado. Ambos esqueletos caminan juntos, tomados del brazo y con total tranquilidad, hacia la salida opuesta a la estampida, donde se enciende un neón que dice: “CAFÉ DE OLLA”, calientito, para llevar…. Las luces rojas de emergencia siguen parpadeando rítmicamente sobre la sala de espera totalmente vacía y en ruinas.
[TELÓN / FUNDIDO A NEGRO]
NOTAS SUGERIDAS PARA EL MONTAJE Y PRODUCCIÓN
(Para uso de Dirección, Elenco y Equipo Técnico)
1. PROPUESTA VISUAL Y VESTUARIO (El "Efecto Óseo")
Para evitar el uso del, a veces, dañino maquillaje teatral corporal integral, se sugiere:
- La Base Esquelética: Todo el elenco viste una base uniforme de mallas, leotardos o ropa térmica de color negro liso de cuello alto. Sobre esta base negra se aplican los huesos (costillas, clavículas, pelvis y extremidades). Pueden ser pintados con pintura textil blanca fluorescente o confeccionados en fomi blanco cosido a la tela.
- La Ropa de Arquetipo: Encima de la base negra, los actores visten la ropa de su personaje (la chamarra de cuero de Reginaldo, la sudadera de Tato, etc.). Estas prendas deben estar estratégicamente rasgadas o modificadas (frentes abiertos o mangas recortadas) para que la estructura de "hueso" sea visible.
- El Rostro: Se descarta el maquillaje completo. Se sugiere el uso de antifaces rígidos o medias máscaras de calavera. Estas deben cubrir únicamente desde la frente hasta el tabique nasal y los pómulos. La boca y la mandíbula real del actor quedan descubiertas para garantizar una perfecta gesticulación cómica y proyección vocal.
- Las Manos: El uso de guantes negros con los huesos de los dedos pintados en blanco en el dorso es obligatorio.
2. SOLUCIONES PARA EL HUMOR FÍSICO (Efectos de Utilería)
- El Brazo de Don Roque: El saco del actor tendrá la manga izquierda unida al hombro mediante velcro. El actor mantendrá su brazo real oculto por dentro de la prenda. La manga colgará rellena y terminará en una mano de utilería. Para el gag, bastará con tirar del velcro.
- El Cráneo del Paciente: El cráneo que muerde a El Despistado debe ser una pieza de utilería de plástico rígido. El actor simulará la "mordida" metiendo los dedos en la cavidad de la mandíbula y accionándola con la muñeca.
3. DISEÑO DE ILUMINACIÓN Y ATMÓSFERA
- Luz de Base: Iluminación general fría, plana y ligeramente desagradable (tipo oficina burocrática).
- Efecto Luz Negra (UV): Se recomiendan cañones de luz ultravioleta. En apagones específicos, la luz negra hará desaparecer los cuerpos negros de los actores, haciendo que los huesos fluorescentes "floten".
- El Código Epidemia: Al activarse la alarma, la iluminación cambia drásticamente a luz roja fija o estroboscópica, rítmica con el sonido de la sirena.
SALA DE HUESOS. © 2026 by BENJAMIN GAVARRE is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International
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