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miércoles, 21 de enero de 2026

La picazón del Senador




La picazón del Senador


la verdad no es lo que pasa, sino lo que nadie puede probar.


Por Jacinto Taruvio

El problema con el Senador McSwindle no era que fuera un hombre malvado, sino que era un hombre distraído. Su esposa, Mel, que tenía mucho tiempo libre y una suscripción premium a servicios de investigación privada, decidió que la falta de ímpetu marital de su marido no se debía a la próstata, como decía el médico, sino a una secretaria o, peor aún, a una pasante de la oposición.

—La fidelidad en política —me dijo Mel mientras tomábamos un martini en Georgetown— es como la honestidad en el presupuesto: una figura retórica.

Mel diseñó un plan que, en su mente, era una obra maestra de la contrainteligencia. Escribió una nota en un papel perfumado con esencia de sándalo (que compró en una tienda para hippies en Adams Morgan para no ser rastreada) citando al Senador en el Motel Potomac Dreams, un establecimiento de tres estrellas que sobrevivía gracias a las infidelidades de la burocracia de nivel medio.

McSwindle, al recibir la nota, cometió el primer error de su carrera: fue honesto consigo mismo. Sabía que a su edad una cita a ciegas podía terminar en un infarto o en un chantaje de la prensa. Así que llamó a su mayor donante y amigo, Elon, el magnate de los cohetes.

—Elon —le dijo—, ve tú. Si es una espía rusa, le vendes un satélite. Si es una mujer hermosa, me avisas y me pongo la corbata de seda.

Elon, que creía que su inteligencia artificial lo protegía de todo mal, aceptó con la arrogancia de quien se siente dueño del algoritmo.

El Motel Potomac Dreams era uno de esos lugares donde las alfombras huelen a decisiones arrepentidas. El encargado era un tal Peleón, un exoficial de la Guardia Nacional que trataba a los clientes como reclutas en falta. Pero el verdadero problema era Ronnie, el botones. Ronnie era un hombre que no servía para nada, excepto para una cosa: era el doble exacto del Senador McSwindle. La única diferencia es que Ronnie siempre estaba borracho y tenía un tic nervioso en el ojo izquierdo.

Cuando Mel llegó al motel cubierta con un velo de viuda y vio a Ronnie cargando unas toallas, soltó un grito que se oyó hasta el Pentágono.

—¡Víctor Manuel! ¡Digo, Donaldo! —gritó Mel—. ¡Te has disfrazado de proletario para humillarme!

Ronnie, que no entendía de política ni de celos, solo pensó que la señora quería propina.

—Señora —dijo Ronnie arrastrando las palabras—, por cinco dólares le cargo la maleta, pero por diez me olvido de que la he visto.

En ese momento entró Elon, que al ver a "McSwindle" (en realidad Ronnie) hablando con una mujer velada, pensó que su amigo lo había engañado. Detrás de él apareció el General Z, un líder extranjero que estaba en Washington para comprar misiles y que, por un error de Google Maps, terminó en el motel buscando a su propia esposa, que casualmente era la mejor amiga de Mel.

Lo que siguió fue lo que en México llamamos un "desmadre" y en Washington un "incidente diplomático". Mel perseguía a Ronnie creyendo que era el Senador; el General Z perseguía a Elon creyendo que era un amante tecnológico; y McSwindle, que había llegado tarde porque no encontraba estacionamiento, terminó escondido en una de las camas giratorias del hotel.

Las camas del Potomac Dreams tenían un mecanismo de seguridad de la época de Nixon: si apretabas un botón, la pared giraba para esconder a los amantes en la habitación contigua. El problema es que el sistema estaba oxidado.

—¡Aprieta el botón, Elon! —gritaba McSwindle desde el colchón.

La pared giró a medias, dejando al Senador atascado entre dos mundos, con las piernas en la habitación de su esposa y la cabeza en la del General Z, quien, al ver una cabeza canosa emergiendo de la pared, pensó que era una nueva arma biológica y sacó su pistola de oro.

Al final, nadie fue a la cárcel, nadie se divorció y nadie aprendió nada. McSwindle convenció a Mel de que todo había sido un simulacro de seguridad nacional. Elon compró el motel y lo demolió para construir una rampa de lanzamiento de basura espacial. Y Ronnie, el botones, terminó siendo elegido congresista por un distrito de Virginia, simplemente porque la gente lo confundió con el Senador y él estaba demasiado ebrio para corregirlos.

Mel todavía tiene la mosca detrás de la oreja, pero ahora prefiere ignorarla. Sabe que, en Washington, la verdad es mucho menos entretenida que un buen enredo en un motel de mala muerte.


La picazón del Senador (Versión con diálogos)

Por Jacinto Taruvio. 


El Plan

Mel citó al Senador en el Motel Potomac Dreams. McSwindle, asustado, llamó a su donante estrella, Elon.


—Elon, fíjate en este papel. Huele a sándalo y a desesperación. Dice que me espera en la Suite 47 a las cinco de la tarde.


—Es una trampa de los demócratas, Senador —dijo Elon, mientras revisaba su reloj de titanio—. O de los republicanos. O de mi exesposa. En Washington, el sándalo es la firma de los que quieren grabarte con una cámara oculta.


—¿Y qué hago? Si no voy, igual dicen que no llegué a la cita porque estaba en otra. Si voy, me sacan en el Post.


—Iré yo —concluyó Elon con la suficiencia de quien tiene tres nacionalidades—. Me pondré una gabardina y diré que soy tu enviado especial para asuntos de alcoba.


II. El Lobby del Infortunio

El encargado del motel era Peleón, un hombre que entendía la hospitalidad como una rama del servicio penitenciario. Su empleado, Ronnie, era el doble exacto del Senador, pero con menos presupuesto y más graduación alcohólica.


—¡Ronnie! —gritó Peleón—. ¡Si te vuelvo a ver con esa botella de mezcal barato detrás del mostrador, te mando a trabajar a la campaña de reelección del alcalde!


—Es para el reuma, jefe —respondió Ronnie, arrastrando las palabras—. Este aire acondicionado de los años setenta me tiene los huesos como galletas.


—¿Cuál reuma? Lo que tienes es una cruda que se nota desde el Capitolio. Anda, sube estas toallas a la 47 y trata de no vomitar sobre la alfombra, que es nueva. Bueno, es de segunda, pero está limpia.


III. El Encuentro

Mel esperaba en la habitación, cubierta por un velo denso. Ronnie entró con las toallas. Al verlo, Mel sintió que el mundo se detenía.


—¡Donaldo! —exclamó ella, lanzándose a sus brazos—. ¡Sabía que vendrías! Pero ¿qué es este disfraz de muerto de hambre? ¿Es una estrategia para el voto latino?


—Señora, no me malinterprete —dijo Ronnie, tratando de mantener el equilibrio—, pero yo no me llamo Donaldo y este no es un disfraz, es mi uniforme de trabajo. Y si me abraza así, me va a tirar el líquido de las burbujas que traigo en el bolsillo.


—¡No finjas! —chilló Mel—. Te reconocí por esa mancha de nacimiento que tienes en la nuca. ¡Eres tú!


—Fíjese que no, doñita. Mi mamá decía que todos los hombres de esta ciudad nos parecemos cuando nos quitan la corbata, pero yo gano el salario mínimo y usted huele a perfume de mil dólares. Si quiere que sea Donaldo, le va a costar veinte dólares la hora y no respondo por mi rendimiento.


En ese momento entró Elon, que al ver a "McSwindle" (Ronnie) con una mujer velada, se indignó.


—¡McSwindle! ¡Me dijiste que no vendrías! ¡Eres un desleal con tus amigos y con tus donantes!


—¿Otro? —dijo Ronnie suspirando—. Mire, caballero, si usted también quiere que sea el Senador, póngase en la fila, pero yo solo vine a traer toallas y a ver si alguien me regalaba un cigarro.


IV. La Artillería Diplomática

La puerta se abrió de golpe. Era el General Z, con una pistola de oro y un uniforme lleno de medallas que probablemente él mismo se había comprado en eBay.


—¡Miserables! —rugió el General—. ¡Sé que mi esposa está aquí! ¡Huelo su perfume!


—General, por favor —dijo Elon, tratando de usar la lógica—. Soy Elon. Compras mis satélites todos los meses.


—¡No me hable de satélites! ¡He visto a este hombre —señaló a Ronnie— entrar aquí! ¡Es el Senador McSwindle, el hombre que me prometió misiles y ahora me roba a la mujer!


—¡Que no soy el Senador, caramba! —gritó Ronnie—. ¡Soy el botones! ¿Es que nadie en este país sabe leer un gafete?


V. El Mecanismo de Nixon

McSwindle, que había llegado tarde y se escondía en el clóset, decidió intervenir cuando oyó los gritos. Pero al salir, tropezó y cayó sobre la cama. Peleón, que venía siguiendo al General, vio el caos y apretó el botón de "Emergencia de Pareja".


La cama empezó a girar con un chirrido metálico espantoso.


—¡Peleón! ¡Detenga esta maquinaria del demonio! —gritaba McSwindle, que se había quedado atascado a la mitad de la pared, con medio cuerpo en la Suite 47 y el otro medio en el pasillo de servicio.


—¡No puedo, Senador! —gritó Peleón—. ¡El sistema es de 1974! ¡Si se detiene ahora, se queda usted como un sándwich de mármol!


—¡Es un complot! —gritaba el General Z, apuntando a las nalgas del Senador que asomaban por la pared—. ¡Un sándwich imperialista!


Mel, viendo a su verdadero marido atorado en la pared y a Ronnie (el falso marido) tratando de robarse la billetera de Elon en medio del pánico, comprendió la magnitud del error.


—Donaldo —dijo Mel, acercándose a la mitad superior de su esposo—, ¿qué haces ahí?


—Tratando de salvar la democracia, Mel —respondió el Senador con una dignidad asombrosa para alguien que tiene la cabeza a treinta centímetros del suelo—. ¿Me podrías pasar un pañuelo? Es que el polvo de esta pared me está dando alergia.



VI. El Final

Al día siguiente, el Departamento de Relaciones Públicas del Senado emitió un comunicado oficial informando que el Senador McSwindle había sido víctima de un "ejercicio de entrenamiento de seguridad no anunciado" en un sector civil. Se elogió su compromiso con la patria al haber aceptado quedar atrapado físicamente en una pared para demostrar las deficiencias de la infraestructura nacional en caso de un sismo o de un ataque de la oposición.


Peleón, por su parte, no presentó cargos por la destrucción de la "Pared Nixon" después de que Elon comprara el motel por una suma absurda, lo demoliera y anunciara la construcción de un centro de investigación para "Hospedaje Interplanetario de Bajo Costo".


El General Z recibió un descuento del quince por ciento en su próxima factura de misiles balísticos y regresó a su país convencido de que McSwindle tenía un hermano gemelo operando en la clandestinidad, lo cual le pareció una estrategia de inteligencia brillante que él mismo decidió implementar en su guardia personal.


Ronnie, el botones, fue el único que sacó un provecho tangible de la tragedia. Con los veinte dólares de Mel y la billetera que efectivamente logró sacarle a Elon durante el forcejeo de la cama giratoria, se retiró a una playa en Sonora. Allí, aprovecha su increíble parecido con el Senador para dar conferencias a turistas gringos sobre la decadencia del imperio, cobrando las copas de mezcal a cuenta de la "solidaridad internacional".


Donald y Mel volvieron a su rutina de desconfianzas educadas en Georgetown. Ella dejó de comprar perfumes sospechosos y él volvió a sus distracciones habituales, convencido de que la política es exactamente como un motel de paso: un lugar donde todos entran con un nombre falso, nadie duerme tranquilo y, al final, siempre te cobran los desperfectos de una fiesta en la que tú ni siquiera querías estar.



La picazón del Senador

(Crónica de un desmadre diplomático)


I. El despacho del Senador

Donald (el Senador McSwindle) y Elon (el magnate) revisan el papel perfumado.

DONALD: (Sujetando el papel con las puntas de los dedos) Huele a sándalo, Elon. Y a incienso de ese que venden en las tiendas donde la gente no se baña. Es una trampa, te lo digo yo. Mañana salgo en la portada del Post con una becaria de Greenpeace.

ELON: No seas rústico, Donald. El sándalo es para despistar. Según mi algoritmo de reconocimiento de fragancias, es una mujer de más de cuarenta con un resentimiento acumulado de al menos una década. O sea: tu esposa.

DONALD: ¡Mel! No puede ser. Mel no sabe escribir notas anónimas, ella prefiere los embargos precautorios.

ELON: Es un test de fidelidad. Si vas, te divorcia. Si no vas, dice que no fuiste porque estabas con otra. En política, el único movimiento ganador es mandar a un tercero.

DONALD: ¿Tú irías?

ELON: Por supuesto. Me pondré una gabardina de esas que usan los espías en las películas polacas. Si es una espía rusa, le vendo un cohete. Si es Mel, le digo que tú estabas en una sesión cerrada sobre el presupuesto del espacio exterior. Nadie cuestiona el espacio exterior; nadie sabe qué es.


II. El Lobby del Motel "Potomac Dreams"

Peleón (el encargado) sacude a Ronnie (el botones), que duerme sobre un carrito de maletas.

PELEÓN: ¡Ronnie! ¡Despierta, pedazo de holgazán! Tienes la cara de senador y el espíritu de un bache en la carretera.

RONNIE: (Abriendo un ojo) Jefe, no me grite, que el eco me está martillando las sienes. Anoche el reuma no me dejó en paz y tuve que frotarme con un poco de mezcal... por dentro.

PELEÓN: Te frotaste hasta el páncreas. Anda, ponte la gorra, que viene gente importante. Tenemos reservada la Suite 47 para un tal "Señor X".

RONNIE: ¿Señor X? ¿Es de los que pagan con billetes nuevos o de los que se van sin pagar la cuenta del minibar?

PELEÓN: Es de los que traen peluca. O sea, de los que dejan buena propina para que no les miremos la cara. ¡Muévete! Y limpia esa cama giratoria, que el mecanismo rechina como una puerta de panteón.


III. La Suite 47 (El Malentendido)

Mel espera con un velo negro. Ronnie entra con un fajo de toallas húmedas.

MEL: (Lanzándose a su cuello) ¡Sabía que vendrías, Donaldo! ¡Sabía que la picazón de la carne era más fuerte que tu miedo a la reelección!

RONNIE: (Tratando de no caerse) ¡Ay, doñita! No me apriete así, que me va a sacar el aire y la última tlayuda que me cené.

MEL: (Retrocediendo, horrorizada) ¿Donaldo? ¿Qué es ese acento? ¿Y por qué hueles a destilería clandestina?

RONNIE: Es una colonia nueva, se llama "Esencia de Agave". Y no me llamo Donaldo, me llamo Ronnie, para servirle a Dios y a usted si trae un billete de cinco dólares.

MEL: ¡Eres tú! ¡Te has disfrazado de botones para humillarme! ¡Es una táctica de humildad para las encuestas! ¡Confiesa!

RONNIE: Mire, jefa, yo no sé de encuestas, pero si usted quiere que yo sea Donaldo por un rato, nada más avíseme con tiempo para ir por un chicle, porque traigo el aliento un poco... combativo.

(Entra Elon con gabardina y lentes oscuros)

ELON: ¡Ajá! ¡McSwindle! ¡Me dijiste que no vendrías! Eres un desleal. Te doy millones de dólares para tus campañas y vienes aquí a engañar a tu mujer con... ¿con una viuda?

RONNIE: (A Elon) ¡Otro! Oiga, jefe de la gabardina, ¿no tendrá un cigarro? Es que aquí la señora me está confundiendo con un político y ya me dio miedo que me quiera cobrar impuestos.

ELON: (Mirándolo de cerca) ¡Válgame el algoritmo! Si eres igualito a él, pero en versión barata. Mel, quítate el velo, esto es un error de sistema.


IV. El Clímax (El General y la Cama)

Entra el General Z con una pistola de oro, seguido por el verdadero Senador Donald, que trata de esconderse tras una cortina.

GENERAL Z: ¡Miserables! ¡Busco a mi mujer! ¡Sé que está aquí con el Senador McSwindle! ¡Huelo su traición y su perfume de sándalo!

DONALD: (Saliendo de la cortina, temblando) ¡Paz, General! ¡Es un malentendido de proporciones hemisféricas!

GENERAL Z: (Viendo a Donald y luego a Ronnie) ¡Hay dos! ¡Es una hidra de Lerna! ¡El imperialismo ha creado clones para engañarme!

PELEÓN: (Entrando con una aceitera) ¡Nadie se mueva! ¡Voy a activar el mecanismo de seguridad!

Peleón aprieta un botón en la pared. La cama empieza a girar con un estruendo de fierros oxidados. Mel se queda en un lado, el General en otro, y el Senador Donald se queda atorado justo a la mitad, con las piernas colgando en la Suite 47 y la cabeza en la Suite 48.

DONALD: (Gritando desde el muro) ¡Elon! ¡Haz algo! ¡Siento que la arquitectura de este motel me está oprimiendo los riñones!

RONNIE: (Sentado en el suelo, viendo el espectáculo) ¡Eso le pasa por meterse en paredes ajenas, Senador! ¡Mejor tómese un mezcal, verá que se le olvida el dolor!

GENERAL Z: (Apuntando a las piernas de Donald) ¡Confiesa, McSwindle! ¡¿Dónde está mi esposa?!

DONALD: ¡No lo sé, General! ¡Pero si me saca de aquí, le prometo que le vendo tres portaaviones y le regalo un seguro de vida!

MEL: (Desde el otro lado de la pared) ¡Donaldo! ¡Si sales vivo de esa pared, te juro que te voy a pedir la renuncia... pero de la casa!

ELON: (Tomando fotos con su celular) Esto va a ser tendencia. Voy a comprar este motel y lo voy a llamar "X-Motel". La cama giratoria será una función estándar en Marte.


V. Epílogo 

Finalmente, el mecanismo de la cama se fundió. Tuvieron que llamar a los bomberos, quienes, tras recibir una propina considerable de Elon, aceptaron redactar un reporte que decía que el Senador McSwindle se había quedado atorado mientras realizaba una "inspección sorpresa de las condiciones de salubridad en la infraestructura turística".

El General Z se fue conforme porque Elon le regaló un Tesla blindado. Mel perdonó a Donald porque descubrió que Ronnie, el botones, tenía una novia que era exactamente igual a ella, lo cual la hizo sentir extrañamente halagada.

Y Ronnie... bueno, Ronnie se acabó la botella de mezcal, se puso la gabardina de Elon y se fue al Capitolio. Dicen que nadie notó la diferencia y que incluso votó a favor de una ley que reducía el precio del alcohol, la cual pasó por unanimidad.

Como decía el tío de alguien: en Washington, la verdad no es lo que pasa, sino lo que nadie puede probar.