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miércoles, 24 de septiembre de 2025

El Oso. Anton Chejov.








EL OSO


ANTON CHEJOV

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Abordar a Chéjov requiere ese equilibrio exacto entre la farsa técnica y la profundidad psicológica.

El Oso (1888) es, en esencia, una "bromita" (como el autor la llamaba) que esconde una crítica feroz a las máscaras sociales del duelo y la masculinidad tóxica de la época.



Introducción: El Duelo de las Máscaras

Antón Chéjov solía referirse a sus obras cortas como "vaudevilles" o "chistes en un acto". Sin embargo, bajo la superficie de la comedia física de El Oso, subyace una de las disecciones más agudas sobre la hipocresía emocional. La obra nos presenta a dos personajes atrapados en sus propios roles performativos: Elena Popova, la "viuda profesional" que ha convertido su luto en un altar de autoinmolación, y Gregorio Smirnov, el terrateniente misógino que oculta su vulnerabilidad tras una coraza de rudeza y deudas.

El genio de Chéjov reside en la transformación: el odio no se disuelve, sino que se transmuta en una pasión eléctrica. La pistola, que según la famosa máxima del autor debe dispararse si aparece en el primer acto, aquí subvierte su destino: el duelo de muerte termina en un beso, demostrando que la línea entre la furia y el deseo es tan delgada como un pagaré vencido.




EL OSO

De Antón Chéjov



PERSONAJES:


  • ELENA IVÁNOVNA POPOVA: Viuda joven, dueña de una finca, que vive un luto exagerado.

  • GREGORIO STEPÁNOVICH SMIRNOV: Terrateniente de mediana edad, rudo y desesperado por deudas.

  • LUCAS: El viejo y fiel mayordomo de Elena.


ESCENARIO:

La sala de estar en la casa de campo de Elena. La decoración es elegante pero opresiva, marcada por la presencia del luto.





ESCENA I


(Elena está sentada, con los ojos fijos en una fotografía. Lucas la observa con preocupación).

LUCAS: No está bien, señora... Se está arruinando la vida. La mucama y la cocinera salieron a recoger frutos; hasta la gata sabe lo que es bueno y pasea por el jardín cazando pajaritos. Pero usted... ¡encerrada como en un convento! Hace un año que no cruza ese umbral.

ELENA: (Con melancolía impostada) Y nunca saldré, Lucas. ¿Para qué? Mi vida terminó. Él está en su tumba y yo me enterré entre estas cuatro paredes. Ambos hemos muerto.

LUCAS: ¡Escúcheme! Nicolás murió, es la voluntad de Dios, que en paz descanse. Pero ya fue suficiente. Uno no puede llevar luto un siglo entero. Mi mujer también murió; lloré un mes y bastó. Pero usted se olvidó de los vecinos, no recibe a nadie... Vivimos como arañas, sin ver la luz. ¡Hasta mi libreta se la comieron las ratas! El distrito está lleno de caballeros, de oficiales... ¡bomboncitos puros! Y usted, joven y bella, desperdiciando su salud. La belleza no es eterna, señora. En diez años querrá lucirse ante los oficiales, pero será tarde.

ELENA: (Firme) ¡Te pido que no vuelvas a hablarme de eso! Desde que murió Nicolás, la vida perdió valor. Juré no quitarme el luto hasta la tumba. Que su sombra vea cuánto lo quería... Aunque él fuera injusto conmigo, cruel y... hasta infiel. Yo seré fiel hasta el final. Le mostraré que sigo siendo la misma que cuando él vivía.

LUCAS: En vez de hablar así, debería ir a caminar al jardín o mandar a ensillar a Toby para visitar a los vecinos.

ELENA: (Aterrada) ¡Ah! ¡Él amaba tanto a Toby! Siempre iba en él a casa de los vecinos. ¡Y cómo lo guiaba! ¿Recordás? ¡Toby, Toby! Ordená que hoy le den doble porción de avena.

LUCAS: Sí, señora. (Se oyen campanillas que llaman bruscamente a la puerta).

ELENA: ¿Quién es? ¡Decile que no recibo a nadie!

LUCAS: Enseguida, señora. (Sale).


ESCENA II

(Elena sola, frente al retrato de su esposo).

ELENA: Vas a ver, Nicolás, cómo sé querer y perdonar. Mi amor se extinguirá con mi vida. ¿No te da vergüenza? Yo, tu fiel mujercita, bajo candado... y vos... me engañabas, me hacías escenas, me dejabas sola semanas enteras...


ESCENA III

(Entra Lucas, agitado).

LUCAS: Señora, hay alguien que pregunta por usted. Dice que es urgente.

ELENA: ¿No le dijiste que no recibo a nadie desde la muerte de mi esposo?

LUCAS: Se lo dije, pero no escucha. Dice que es un asunto de suma importancia.

ELENA: ¡Dije que no re-ci-bo!

LUCAS: ¡Es un monstruo, señora! Insulta, se abalanza... ya entró al comedor.

ELENA: (Irritada) Está bien, decile que pase. ¡Qué falta de educación! ¿Por qué perturban mi paz? Tendré que recluirme en un convento... sí, un convento.


ESCENA IV

(Entra Gregorio Smirnov, seguido de Lucas).

GREGORIO: (A Lucas) ¡Estúpido, hablas demasiado! ¡Burro! (A Elena, con una reverencia tosca) Señora, tengo el honor de presentarme: teniente de artillería retirado, terrateniente Gregorio Smirnov. Me veo obligado a molestarla por un asunto de suma importancia.

ELENA: (Seca) ¿Qué desea?

GREGORIO: Su difunto esposo me quedó debiendo mil doscientos rublos por la compra de avena. Como mañana debo pagar los intereses en el Banco Agrario, necesito que me devuelva ese dinero hoy mismo.

ELENA: ¿Mil doscientos? Si Nicolás tenía esa deuda, se le pagará. Pero hoy no tengo el dinero disponible. Pasado mañana vuelve mi administrador y se le pagará. Además, hoy se cumplen siete meses de la muerte de mi esposo y no estoy en condiciones de hablar de dinero.

GREGORIO: Y yo estoy en tal estado que, si mañana no pago, ¡me embargan el campo!

ELENA: Pasado mañana recibirá su dinero.

GREGORIO: Lo necesito hoy.

ELENA: ¡Pero qué voy a hacer si hoy no tengo!

GREGORIO: ¿Es su última palabra?

ELENA: La última. Definitiva.

GREGORIO: ¡Muchas gracias! ¡Y luego quieren que conserve la sangre fría! Vengo de recorrer setenta kilómetros, de dormir en el suelo de un figón, mis deudores se esconden... ¡y usted me recibe con "estados de ánimo"! ¿Cómo no voy a enojarme?

ELENA: Fui clara: cuando regrese mi administrador, usted cobrará.

GREGORIO: ¡No vine a ver a su administrador! ¿Para qué diablos necesito yo a un administrador?

ELENA: Caballero, no estoy acostumbrada a esas expresiones ni a ese tono. No lo escucho más. (Sale rápidamente).


ESCENA V

(Gregorio solo).

GREGORIO: ¡Por favor! ¡"Estado de ánimo"! ¿Y mis acreedores? ¿Qué quieren, que escape en globo? ¡Nadie me paga porque soy un trapo! ¡Soy demasiado delicado! Pero esperen... ¡De aquí no me muevo hasta que cobre! ¡Qué rabia tengo! Me tiemblan las coyunturas. (Grita) ¡Mozo!


ESCENA VI

(Entra Lucas).

GREGORIO: ¡Traeme agua o un refresco! (Lucas sale) ¡Qué lógica de mujer! "No se siente dispuesta"... Por eso odio hablar con mujeres. Me dan escalofríos. Ver una de esas poéticas criaturas me da calambres en las pantorrillas. ¡Ganas de pedir socorro!


ESCENA VII

(Entra Lucas con agua).

LUCAS: La señora está enferma y no recibe.

GREGORIO: ¡Fuera! (Lucas sale) ¡Enferma! Me quedo aquí un año si es necesario. No me vas a conmover con tu luto y tus hoyuelos. (Hacia la ventana) ¡Fermín, desengancha! ¡Nos quedamos! Dale avena a los caballos. (Se aparta de la ventana) El calor es insoportable y tengo estas faldas negras con sus nervios. Me duele la cabeza. (Grita) ¡Mozo! ¡Traé vino! (Lucas entra, sirve y murmura; Gregorio lo calla y sigue bebiendo).


ESCENA VIII

(Elena entra con la vista baja).

ELENA: Señor, ya no soporto los gritos. Le pido categóricamente que no perturbe mi tranquilidad.

GREGORIO: Págueme y me voy.

ELENA: Ya le dije que no tengo el dinero hoy. Espere a pasado mañana.

GREGORIO: Y yo le dije que si no pago mañana, me ahorro.

ELENA: ¡Pero no tengo! ¿Qué quiere que haga?

GREGORIO: Me quedaré aquí sentado. ¿Cree que hablo en broma?

ELENA: ¡No grite! ¡Esto no es un establo!

GREGORIO: ¡Usted no sabe comportarse ante damas!

ELENA: ¡Usted es un grosero! La gente decente no habla así.

GREGORIO: ¡Ah! ¿Quiere que le hable en francés? (Sarcástico) "Madame, je vous prie...". ¡Señora, he visto más mujeres que usted gorriones! Me batí tres veces a duelo por ellas, abandoné a doce y nueve me abandonaron a mí. Fui un galán, un papagayo de la emancipación... ¡pero ya no me engañan! Ojos negros, labios rojos, suspiros... ¡ya no doy un cuarto por eso! Miras a una semidiosa y por dentro hay un cocodrilo vulgar. ¿Fieles? Solo las viejas y las feas. Es más fácil encontrar un cuervo blanco que una mujer constante.

ELENA: (Sarcástica) ¿Y el hombre es el fiel? ¡Qué novedad! Mi esposo, el "mejor de los hombres", me engañaba a cada paso. Encontré su cajón lleno de cartas de amor. Me dejaba sola, derrochaba mi dinero... ¡Y yo le fui fiel! ¡Incluso ahora, enterrada entre estas paredes!

GREGORIO: (Ríe) ¡Luto! ¡Trucos poéticos para que algún cadete pase y piense en la "misteriosa Tamara"! Se enterró viva, pero no se olvidó de empolvarse la nariz.

ELENA: (Indignada) ¿Cómo se atreve? ¡Váyase!

GREGORIO: Deme mi dinero.

ELENA: ¡No le doy ni un centavo!

GREGORIO: (Se sienta) Pues no me muevo.

ELENA: ¡Lucas! Sacá a este señor.

LUCAS: (Tímido) Señor, por favor...

GREGORIO: (Salta) ¡Te voy a hacer polvo!

LUCAS: (Se desploma) ¡Ay, me siento mal! ¡Agua!

ELENA: ¡Usted es un oso! ¡Un neandertal! ¡Un monstruo!

GREGORIO: ¿Cómo dijo? ¿Usted cree que por ser una "criatura poética" puede ofender impunemente? ¡La desafío!

ELENA: ¿A batirnos? ¡Con mucho gusto! En casa están las pistolas de mi esposo. Enseguida las traigo. ¡Qué placer meterle una bala en esa cabeza de piedra! (Sale).

GREGORIO: ¡La voy a matar como a una gallina! ¡Pero qué mujer! Enrojece, le brillan los ojos... ¡Acepta el reto! Es la primera vez que veo algo así. No es una cosa fofa; es fuego, pólvora. ¡Hasta da lástima matarla! Me gusta... ¡definitivamente me gusta!


ESCENA X

(Elena entra con las pistolas).

ELENA: Aquí están. Pero antes, enséñeme a disparar. Nunca tuve una en la mano.

LUCAS: ¡Dios mío, perdónanos! Voy por el jardinero. (Sale).

GREGORIO: (Examinándolas) Son de triple acción, magníficas. Sosténgala así... (Aparte) ¡Qué ojos tiene! Deberá levantar el gatillo, apuntar... ¡la cabeza atrás! Estire el brazo.

ELENA: Vamos al jardín. Es incómodo aquí.

GREGORIO: Vamos. Pero sepa que tiraré al aire.

ELENA: ¿Se acobardó? ¡No me quedaré tranquila hasta que le parta la cabeza!

GREGORIO: No es miedo. Es que... usted me gusta.

ELENA: (Indignada) ¿Qué le gusto? ¡Tenga la bondad de salir!

(Silencio tenso. Se miran).

GREGORIO: Escuche... ¿sigue enojada? Yo también estoy furioso, pero... ¿tengo la culpa de que me guste? Estoy casi enamorado.

ELENA: ¡Aléjese! ¡Lo detesto!

GREGORIO: ¡Qué mujer! Caí en la trampa como una laucha. Soy noble, tengo renta, buenos caballos... ¿Quiere ser mi mujer?

ELENA: ¡A batirse! ¡Lo desafío!

GREGORIO: (Se arrodilla) ¡La amo como a nadie! Abandoné a doce, pero a ninguna quise así. ¿Sí o no? (Se levanta para irse).

ELENA: Espere... No es nada. Váyase... ¡No, espere! ¡Lo detesto! No se vaya... ¡Ay, qué enojada estoy! (Tira el revólver) Esta porquería me acalambró los dedos. ¿Por qué no se va?

GREGORIO: Adiós.

ELENA: Sí, váyase... ¡Pero espere! No se acerque...

GREGORIO: (La toma por la cintura) Me enamoré como un chiquilín. Mañana tengo que pagar los intereses...

ELENA: ¡Fuera esa mano! Yo lo... detesto... lo... desafío...

(Se funden en un largo beso).


ESCENA XI

(Entra Lucas con un hacha, seguido del jardinero y el cochero. Al verlos, se detienen estupefactos).

LUCAS: ¡Dios mío!

ELENA: (Bajando los ojos, sin soltar a Gregorio) Lucas... que hoy no le den avena a Toby.

TELÓN