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sábado, 28 de marzo de 2026

"No es polvo, no es sombra: Es Siempre"


"No es polvo, no es sombra:

Es Siempre"

Por GAVARRE BENJAMIN


 © INDAUTOR

Cd. De México

©  BENJAMÍN GAVARRE SILVA

Contact: bengavarre@gmail.com

gavarreunam@gmail.com


      

GÉNERO: Terror Gótico / Drama Histórico

ÉPOCA: Finales del Siglo XVIII (Nueva España)

LOCALIZACIÓN: Un palacete barroco en el centro de la Ciudad de México.

 

DRAMATIS PERSONAE

DOÑA LEONOR DE NAVARRA (50s): Marquesa viuda. Una mujer que es puro mármol y luto. Su piedad religiosa es un muro construido para contener un pecado de juventud. Es la única que comprende la magnitud del horror que ha entrado en su casa.

SARA (19): Su hija. Al inicio, una joven de seda y ensueño. A medida que avanza la obra, se convierte en un "vaso vacío", una presencia gélida y mecánica que sirve de heraldo para el Caballero.

CÉSAR (21): El hijo. Arrogante, voluble y desesperado por ejercer una autoridad que no le pertenece. Su sangre es el puente entre el pasado y el presente; es el "bastardo" que ignora su origen hasta que es demasiado tarde.

EL DUQUE DE CÓRDOBA (30s): Un noble pragmático, representante de la Ilustración que llega tarde a una casa donde las sombras aún dictan las leyes. Su escepticismo se desmorona ante lo imposible.

MANUELA (40s): Criada mulata. Es la voz de la intuición y el sincretismo. Sus rezos en náhuatl y español son la única defensa (infructuosa) contra la mancha que crece en el salón.

EL CABALLERO DE TOLEDO (El Cuadro): Una entidad de óleo y odio. Su presencia es estática pero dominante. No es solo un retrato; es un depredador que aguarda.



ACTO I: LA LLEGADA

 

ESCENA 1

INT. PALACETE - SALÓN PRINCIPAL - DÍA

 

Un salón de techos altísimos, devorado por la penumbra. El aire está denso, saturado de incienso y el olor rancio de la humedad que sube de los cimientos. Sobre la chimenea, una mancha de sombra marca el lugar donde colgarán el cuadro. Varios mozos, con el rostro perlado de sudor y un miedo instintivo, terminan de izar un lienzo colosal cubierto por un terciopelo rojo, tan viejo que parece sangre seca.

 

CÉSAR observa con una copa en la mano. Su elegancia es rígida, casi nerviosa.

 

CÉSAR

¿Otro regalo anónimo? Esta casa se está convirtiendo en un depósito de caridades, madre. Si el remitente busca el favor de SARA, debería haber enviado flores, no este bulto que huele a cripta. Desautorizo que se quede aquí.

 

DOÑA LEONOR no lo mira. Sus dedos, entrelazados en un rosario de plata, están blancos por la presión.

 

LEONOR

(Voz de ceniza) Llama a tu hermana, CÉSAR.

 

MANUELA, la criada, asoma desde la sombra de un pasillo. No entra al salón. Se queda en el umbral, haciendo una señal de protección con los dedos.

 

MANUELA

Señora... los mozos dicen que el cuadro pesa más de lo que debería. Dicen que el aire se vuelve frío cuando lo tocan. No es buena ventura colgar lo desconocido en el corazón de la casa.

CÉSAR

(Irritado, ocultando un escalofrío) ¡Tonterías de cocina! El peso es el marco, y el frío es la piedra de este salón. Manuela, deja de sembrar cizaña y busca a mi hermana.

 

Entra SARASu vestido de seda clara es lo único brillante en la estancia. Se acerca al cuadro con una curiosidad que bordea la hipnosis.

 

SARA

Parece que... tiene vida. ¿Es para mí, madre?

 

CÉSAR, en un arrebato de soberbia para demostrar quién manda, tira del terciopelo. La tela cae con un susurro pesado.

 

ESCENA 2

 

EL CUADRO.

 

El Caballero de TOLEDO. Es un hombre de una belleza gélida. Sus ojos oscuros tienen una profundidad imposible, como si el óleo fuera agua estancada. La sonrisa es apenas un pliegue de desprecio.

 

SARA

(En un susurro) Me estaba esperando.

CÉSAR

(Tratando de reír) Es... una pieza magnífica. Mirad esa compostura. Algún noble español ha querido recordarnos nuestra estirpe. Manuela, ¿qué miras con ese rostro de espanto? Es solo pintura y aceite.

MANUELA

(Aterrada) Sus ojos... Doñita, el caballero ha parpadeado. Lo juro por la Virgen.

CÉSAR

Es un truco de luz, mujer ignorante. Se llama claroscuro. Se diseña para engañar a los ojos simples. Pero...

 

Se interrumpe. Mira a su madre. LEONOR es una estatua de sal. El rosario se rompe en su mano y las cuentas de madera caen al suelo como granizo.

 

LEONOR

(Sin voz) Quitadlo. Llevadlo al sótano. Tapadlo con ceniza.

CÉSAR

¡De ninguna manera! Es el mejor adorno que ha visto este salón. SARA, dinos, ¿te asusta este hidalgo de TOLEDO?

SARA

(Sin apartar la vista del lienzo) No. No me asusta. Me reconoce.


 

ACTO II: LA INFECCIÓN

 

ESCENA 3

 

INT. SALÓN PRINCIPAL - NOCHE

 

La luna entra por el tragaluz, bañando el cuadro. El Caballero parece más joven, más vivo bajo la luz plateada. MANUELA entra para apagar las últimas velas. Camina pegada a la pared opuesta. Al llegar frente al cuadro, se detiene por una fuerza invisible. Su respiración se agita. Vemos, desde su perspectiva, que el Caballero parece haber inclinado levemente la cabeza hacia ella.

 

MANUELA

(Murmurando en náhuatl y español) In tloque in nahuaque... Sangre de Cristo... vete, sombra. Vuelve a tu tierra de aceite.

 

De pronto, el silencio se rompe con un chasquido: el sonido de un marco de madera que cruje bajo una presión enorme. Manuela huye, dejando caer el apagavelas.

 

ESCENA 4

 

INT. SALÓN PRINCIPAL - OTRA NOCHE

 

SARA está frente al cuadro. Viste su camisa de dormir, su cabello desatado como una catarata oscura. No hay rastro de la joven ingenua; su rostro es una máscara de devoción absoluta. Lentamente, se inclina y apoya la mejilla contra el rostro frío y pintado del Caballero. Extiende la mano y toca los labios del hombre. Al retirar los dedos, están manchados con un aceite negro brillante. Se lleva los dedos a la boca, saboreando el aceite como si fuera un sacramento.

 

SARA

(Un suspiro que hiela la sangre) — Siempre.

 

 

ESCENA 5

 

INT. BIBLIOTECA - DÍA

 

CÉSAR y el DUQUE DE CÓRDOBACÉSAR bebe con ansiedad; tiene ojeras profundas.

 

DUQUE DE CÓRDOBA

Es extraño, CÉSAR. Vuestra hermana ha declinado tres invitaciones. Dicen que apenas come, que se pasa las horas conversando con una pared en el salón.

CÉSAR

(Agresivo) Fantasías de mujer. Está fascinada con ese cuadro, eso es todo. Dice que el Caballero le cuenta historias de la corte... detalles que ella no podría saber. Cosas sobre... ejecuciones secretas y lechos manchados.

DUQUE DE CÓRDOBA

Eso no es fascinación, es delirio. Deberíais quemar esa tela.

 

Aparece SARA en el umbral. Su palidez es cadavérica, pero su mirada es de una intensidad feroz.

 

SARA

El fuego no quema la verdad, Duque. Solo la purifica.

CÉSAR

SARA, vuelve a tus aposentos. No estamos para juegos.

SARA

(Camina hacia CÉSAR con una lentitud antinatural) Él me ha hablado de ti, "hermano". Dice que el apellido Navarra te queda grande. Dice que las raíces de esta casa no son de nobleza, sino de traición... y que la sangre que corre por tus venas no es la misma que la del hombre que murió en aquella cama.

CÉSAR

(Pálido de ira) ¡Calla, loca!

SARA

(Cerca de su oído, con voz gélida) Tiemblas, CÉSAR. ¿Es miedo... o es que el instinto del bastardo reconoce la voz de su verdadero dueño?

 

SARA sale. El Duque y CÉSAR quedan en un silencio sepulcral.


 

ACTO III: EL SACRIFICIO Y LA REVELACIÓN

 

ESCENA 6

 

INT. SALÓN DEL RETRATO - NOCHE

 

CÉSAR entra con una antorcha y un puñal. El alcohol le da una falsa valentía.

 

CÉSAR

(Gritando al cuadro) ¡Sal de ahí! ¡Deja de envenenar el aire! ¡Si eres un hombre, lucha; si eres un demonio, arde!

 

Se lanza contra el cuadro. En el momento en que el acero va a rasgar el lienzo, la llama de su antorcha se vuelve azul y se apaga. Solo queda la luz de la luna. CÉSAR se detiene en seco. Su sombra en la pared comienza a moverse sola. La sombra de la mano del Caballero sale del marco de la sombra y rodea el cuello de la sombra de CÉSAREn el mundo real, CÉSAR suelta el puñal y se lleva las manos al cuello. Sus pies se elevan del suelo unos centímetros. No hay gritos, solo el sonido de huesos que crujen bajo una presión invisible.

SARA aparece. Mira la escena con una paz aterradora.

 

SARA

Él dice que el acero no puede herir a quien ya es eterno, CÉSAR. La sangre, siempre...

 

CÉSAR cae muerto. Sus ojos, abiertos, reflejan el cuadro.

 

ESCENA 7

 

INT. SALÓN - MADRUGADA

 

El cadáver de CÉSAR preside la mesa. LEONOR solloza, pero no por tristeza, sino por un terror antiguo que ha vuelto a casa. El DUQUE intenta buscar una lógica médica, pero sus manos tiemblan.

 

LEONOR

Es el pago. Él ha venido por lo que le pertenece. CÉSAR era su reflejo... el fruto de un pecado que cometí en TOLEDO antes de venir a estas tierras.

 

Entra SARAViste un traje de terciopelo oscuro, masculino, de corte antiguo. Su postura es marcial, su voz ha perdido toda vibración femenina, volviéndose un eco seco.

 

SARA

(Con la cadencia de un noble del siglo XVII) ¿Lloráis por la paja que el viento se lleva, LEONOR?

 

LEONOR

(Aterrada) ¡Tú no eres mi hija! ¡Suelta su cuerpo, monstruo!

SARA

Vuestra hija era un vaso vacío. Yo solo lo he llenado.

 

ESCENA 8

 

EL CLÍMAX.

 

SARA se abalanza sobre el Duque con una velocidad que el ojo apenas sigue. Emite un siseo frío. Los lacayos huyen. El Duque cae al suelo, paralizado por el horror. LEONOR se levanta. Saca una daga que ocultaba en sus ropas. Camina hacia el cuadro, no hacia SARA.

 

LEONOR

¡A mí! ¡Mírame a mí, sombra de mi desgracia! Yo fui quien rompió el juramento. ¡Toma el origen y deja el fruto!

LEONOR se clava el puñal en el pecho frente al lienzo. Su sangre salpica el rostro del Caballero. El efecto es eléctrico: SARA se desploma como si le hubieran cortado los hilos a una marioneta. El cuadro empieza a absorber la sangre. El rojo se torna negro y el rostro del Caballero comienza a desdibujarse, hundiéndose de nuevo en la oscuridad del óleo.

 

LEONOR

(Muriendo, acariciando el rostro de SARA) Vuelve... vuelve a ser tú...


 

EPÍLOGO

INT. SALÓN DEL RETRATO - SEIS MESES DESPUÉS

 

El salón está limpio. Un espejo de marco dorado ocupa el lugar del cuadro. El DUQUE DE CÓRDOBA y SARA están frente a él. SARA se ve recuperada, hermosa, pero tiene los ojos rotos.

 

DUQUE DE CÓRDOBA

La pesadilla ha pasado, SARA. El fuego consumió aquel lienzo infecto. Al fin podemos vivir.

SARA

(Con una sonrisa perfecta y gélida) Tenéis razón, Duque. El fuego quema el lienzo... pero la sangre... la sangre siempre encuentra el camino de vuelta a casa.

 

SARA sale del salón. El Duque se queda frente al espejo. Se ajusta el cuello de la camisa. De pronto, se detiene. En el espejo, su propio reflejo comienza a palidecer. Detrás de él, en el reflejo de la pared vacía, la mancha del cuadro comienza a brotar de nuevo, como una humedad negra. Y en el centro de la mancha, los ojos del Caballero se abren y miran directamente a la nuca del Duque.

 

VOZ EN OFF

(Un susurro doble: SARA y el Caballero) — Bienvenido a la familia.

 

TELÓN LENTO.