Manolito el mentiroso
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MANOLITO EL MENTIROSO
Versión de Corral de Comedias
PERSONAJES:
- DON MANOLO: Español gachupín, embustero profesional e inventor de pacotilla.
- LEONOR: Criolla brillantísima (el vivo retrato de Sor Juana Inés de la Cruz).
- LA VIRREINA: Condesa de Paredes, elegante, imponente, dramática y muy celosa de su poeta favorita.
- LA MULATA DE CÓRDOBA: Mujer de impactante belleza, libre y con poderes mágicos.
- LA MONJA ALFÉREZ: Dama vestida de soldado, ruda y con temperamento feroz.
ACTO ÚNICO
ESCENA 1
EXT. PASEO DE LA ALAMEDA - DÍA
Una galaxia novohispana paralela al siglo XVII. Al fondo, carruajes coloniales flotan sutilmente. En primer plano, LEONOR (hábito impecable, pluma en mano) anota versos en un cuaderno.
Entra DON MANOLO pisando fuerte, con el cuello almidonado hasta las orejas y cargando un artefacto de hojalata y tubos de cobre que saca humo.
DON MANOLO
(Poniéndose una mano en el pecho)
¡Ay, Doña Leonor! Que por vos he cruzado el Atlántico. En Madrid poseo tres palacios de mármol y un mayorazgo que colinda con el del Rey. Pero mi verdadera fortuna es mi ingenio. Contemplad el Astral-Localizador-Gachupín, un catalejo de mi invención que funciona a vapor y vaporcito, capaz de ver el futuro de las almas. Dadme vuestra mano, que os haré reina de las Europas.
(Poniéndose una mano en el pecho)
¡Ay, Doña Leonor! Que por vos he cruzado el Atlántico. En Madrid poseo tres palacios de mármol y un mayorazgo que colinda con el del Rey. Pero mi verdadera fortuna es mi ingenio. Contemplad el Astral-Localizador-Gachupín, un catalejo de mi invención que funciona a vapor y vaporcito, capaz de ver el futuro de las almas. Dadme vuestra mano, que os haré reina de las Europas.
LEONOR
(Lo mira de arriba abajo con sonrisa socarrona, se cruza de brazos)
Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis. Mire, Don Manolo, ahorre sus mundos de oro fingidos y sus catalejos de hojalata, que sus mentiras son más transparentes que el agua de Texcoco. Buscando bien el desdén, con ansia necia la solicitáis, ¿y qué queréis que obre bien la que incitáis al mal? Hoy tengo la agenda ocupadísima: quedé de jugar al bádminton con mi dilecta amiga la Virreina.
(Lo mira de arriba abajo con sonrisa socarrona, se cruza de brazos)
Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis. Mire, Don Manolo, ahorre sus mundos de oro fingidos y sus catalejos de hojalata, que sus mentiras son más transparentes que el agua de Texcoco. Buscando bien el desdén, con ansia necia la solicitáis, ¿y qué queréis que obre bien la que incitáis al mal? Hoy tengo la agenda ocupadísima: quedé de jugar al bádminton con mi dilecta amiga la Virreina.
DON MANOLO
(Indignado, saca una caja de madera con cables de cáñamo)
¿Hombres necios? ¡Por Santiago! Mirad entonces este Retablo Automático de Almas, que con solo girar esta palanca retrata vuestra belleza en un lienzo sin usar pincel. ¿Acaso vuestros versos pueden competir con la ciencia de un hidalgo?
(Indignado, saca una caja de madera con cables de cáñamo)
¿Hombres necios? ¡Por Santiago! Mirad entonces este Retablo Automático de Almas, que con solo girar esta palanca retrata vuestra belleza en un lienzo sin usar pincel. ¿Acaso vuestros versos pueden competir con la ciencia de un hidalgo?
LEONOR
(Suelta una risotada)
¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada? Guarde su caja de grillos. Si tantas ganas tiene de presumir, busque a la famosa Mulata de Córdoba. Dicen los envidiosos del Santo Oficio que es bruja, pero la verdad es que sabe tanta química y abogacía que los hombres no soportan que sea más libre y rica que ellos. A lo mejor a ella le interesa su catalejo para los barcos que dibuja con carbón en las paredes de sus celdas... mire que desaparece en el aire cuando la encierran.
(Suelta una risotada)
¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada? Guarde su caja de grillos. Si tantas ganas tiene de presumir, busque a la famosa Mulata de Córdoba. Dicen los envidiosos del Santo Oficio que es bruja, pero la verdad es que sabe tanta química y abogacía que los hombres no soportan que sea más libre y rica que ellos. A lo mejor a ella le interesa su catalejo para los barcos que dibuja con carbón en las paredes de sus celdas... mire que desaparece en el aire cuando la encierran.
DON MANOLO
(Tragando saliva)
Bah, supercherías. Yo busco almas más templadas en el arte de la guerra.
(Tragando saliva)
Bah, supercherías. Yo busco almas más templadas en el arte de la guerra.
LEONOR
¿Guerra? Camine tres calles y pregunte por la Monja Alférez. A esa dama no le gustan los vestidos; prefiere pantalones, bigote pintado y espada afilada. Se escapó de un convento en España, cruzó el mar vestida de soldado y tiene permiso del Papa para vestir de hombre. A ella le fascina batirse en duelo. Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas.
¿Guerra? Camine tres calles y pregunte por la Monja Alférez. A esa dama no le gustan los vestidos; prefiere pantalones, bigote pintado y espada afilada. Se escapó de un convento en España, cruzó el mar vestida de soldado y tiene permiso del Papa para vestir de hombre. A ella le fascina batirse en duelo. Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas.
DON MANOLO
(Desesperado, saca unos anteojos rústicos con vidrios ahumados)
¡Pues os equivocáis, Doña Filotea de pacotilla! ¡Contemplad mis Quevedos del Amor Instantáneo! Harán que cualquier fémina caiga rendida a mis pies. ¡Me largo a buscar a esas damas!
(Desesperado, saca unos anteojos rústicos con vidrios ahumados)
¡Pues os equivocáis, Doña Filotea de pacotilla! ¡Contemplad mis Quevedos del Amor Instantáneo! Harán que cualquier fémina caiga rendida a mis pies. ¡Me largo a buscar a esas damas!
DON MANOLO sale corriendo con sus artefactos bajo el brazo.
LEONOR
(Gritando al viento, divertida)
¡Opinión ninguna gana, pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana! ¡Buen viaje, Don Mentiras!
(Gritando al viento, divertida)
¡Opinión ninguna gana, pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana! ¡Buen viaje, Don Mentiras!
ESCENA 2 (ESCENA INTERMEDIA )
EXT. CALLEJÓN DE LA NEBLINA - MINUTOS DESPUÉS
DON MANOLO camina de prisa, tropezando con los cables de sus cachivaches y acomodándose los anteojos ahumados.
De pronto, un carruaje de seda y encaje se detiene con estrépito. Baja LA VIRREINA, vestida con un fastuoso traje barroco, sosteniendo una raqueta de bádminton de plata y rodeada por dos abanicadores. Tiene cara de pocos amigos y mira a Manolo con absoluto desprecio.
LA VIRREINA
(Cruzándose de brazos, indignada)
¡Detenedos ahí, gachupín de tres al cuarto! ¿Quién os da licencia para pasear por la Alameda importunando a mi décima musa, a mi fénix de América? ¡Que os he visto desde mi balcón palaciego lanzándole discursos de herencias falsas a mi queridísima Leonor!
(Cruzándose de brazos, indignada)
¡Detenedos ahí, gachupín de tres al cuarto! ¿Quién os da licencia para pasear por la Alameda importunando a mi décima musa, a mi fénix de América? ¡Que os he visto desde mi balcón palaciego lanzándole discursos de herencias falsas a mi queridísima Leonor!
DON MANOLO
(Dando un salto, asustado pero intentando galantear)
¡Ay, vuestra Excelencia! No os encendáis en ira, que no soy un cualquiera. Soy el Marqués de Manzanares. Y si vuestros ojos están nublados por los celos de ver que busco el amor de la monja, es porque no habéis probado la grandeza de mis Quevedos del Amor Instantáneo. ¡Mirad a través de ellos y veréis al verdadero rey de vuestro corazón!
(Dando un salto, asustado pero intentando galantear)
¡Ay, vuestra Excelencia! No os encendáis en ira, que no soy un cualquiera. Soy el Marqués de Manzanares. Y si vuestros ojos están nublados por los celos de ver que busco el amor de la monja, es porque no habéis probado la grandeza de mis Quevedos del Amor Instantáneo. ¡Mirad a través de ellos y veréis al verdadero rey de vuestro corazón!
LA VIRREINA
(Da un raquetazo al aire, furiosa)
¿Celos yo? ¡Por los títulos de mi esposo el Virrey! ¿Me estáis diciendo celosa a mí, la Condesa de Paredes? ¡Lo que tengo es un enfado monumental! Leonor no tiene tiempo para vuestros inventos de hojalata ni para vuestras mentiras gachupinas; ¡tiene que terminar de escribir el arco triunfal de nuestra próxima fiesta cortesana!
(Da un raquetazo al aire, furiosa)
¿Celos yo? ¡Por los títulos de mi esposo el Virrey! ¿Me estáis diciendo celosa a mí, la Condesa de Paredes? ¡Lo que tengo es un enfado monumental! Leonor no tiene tiempo para vuestros inventos de hojalata ni para vuestras mentiras gachupinas; ¡tiene que terminar de escribir el arco triunfal de nuestra próxima fiesta cortesana!
DON MANOLO
(Retrocediendo)
¡Pero Señora Excelentísima, la ciencia...!
(Retrocediendo)
¡Pero Señora Excelentísima, la ciencia...!
LA VIRREINA
(Apuntándolo con la raqueta de bádminton como si fuera una espada)
¿Ciencia? ¡Ciencia es la que os va a faltar para escapar de la guardia virreinal si volvéis a acercaros a su celda de estudio! ¡Fuera de mi vista, mentiroso, antes de que ordene que usen vuestro cuerpo como pelota para mi partido de bádminton de esta tarde! ¡Guardias, a él!
(Apuntándolo con la raqueta de bádminton como si fuera una espada)
¿Ciencia? ¡Ciencia es la que os va a faltar para escapar de la guardia virreinal si volvéis a acercaros a su celda de estudio! ¡Fuera de mi vista, mentiroso, antes de que ordene que usen vuestro cuerpo como pelota para mi partido de bádminton de esta tarde! ¡Guardias, a él!
DON MANOLO pega un grito, pierde una tuerca de su catalejo de vapor y sale corriendo despavorido hacia el fondo del callejón, mientras la Virreina le lanza un par de pelotas de bádminton con furia y perfecta puntería.
ESCENA 3
EXT. ENTRADA DE UNA CELDA ABANDONADA - CONTINUO
La niebla huele a copal y canela. LA MULATA DE CÓRDOBA, hermosa y serena, dibuja un galeón con carbón en una pared de piedra.
DON MANOLO entra corriendo, ve a la Mulata, se infla el pecho y se acomoda los anteojos.
DON MANOLO
¡Ajá! ¡La Mulata! Contempla mis quevedos, mujer, y adora al conde de...
¡Ajá! ¡La Mulata! Contempla mis quevedos, mujer, y adora al conde de...
LA MULATA ni lo mira. Da un soplo divino a la pared. El dibujo de carbón cruje, las velas se inflan y el barco empieza a flotar en el aire del callejón. Ella se sube a la borda de piedra con elegancia.
LA MULATA
Buen hombre, guárdate tus lentes, que para ver el mar no necesito vidrios, y para ser libre no necesito hidalgos.
Buen hombre, guárdate tus lentes, que para ver el mar no necesito vidrios, y para ser libre no necesito hidalgos.
El barco de humo zarpa hacia el cielo. DON MANOLO se queda con la boca abierta y el sombrero lleno de hollín. Asustado, da media vuelta y choca de frente contra LA MONJA ALFÉREZ, quien viste casaca militar, bigote pintado y mano en la empuñadura de su espada.
LA MONJA ALFÉREZ
¡Eh, gachupín de feria! ¡Me has pisado la bota y arruinado el calzado!
¡Eh, gachupín de feria! ¡Me has pisado la bota y arruinado el calzado!
DON MANOLO
(Temblando)
¡Disculpad, mi señor soldado! Es que... soy el Marqués de Manzanares e inventor del...
(Temblando)
¡Disculpad, mi señor soldado! Es que... soy el Marqués de Manzanares e inventor del...
LA MONJA ALFÉREZ desenvaina la espada con un silbido metálico que parte los anteojos de Manolo exactamente por la mitad.
LA MONJA ALFÉREZ
(Sonrisa feroz)
¿Marqués? ¿Inventor? A mí no me vengas con cuentos de corte, que he visto morir a hombres mejores en las selvas de Chile. Aquí el único título que vale es el del acero. ¡Saca tu espada o defiéndete con tus patentes, que hoy ceno lengua de mentiroso!
(Sonrisa feroz)
¿Marqués? ¿Inventor? A mí no me vengas con cuentos de corte, que he visto morir a hombres mejores en las selvas de Chile. Aquí el único título que vale es el del acero. ¡Saca tu espada o defiéndete con tus patentes, que hoy ceno lengua de mentiroso!
DON MANOLO suelta todas sus cajas y tuercas, y arranca a correr despavorido. LA MONJA ALFÉREZ lo persigue haciendo zumbar su sable en el aire.
ESCENA 4
EXT. ENTRADA DEL PASEO DE LA ALAMEDA - CONTINUO
DON MANOLO entra corriendo como un torbellino, con los pantalones rotos y la lengua de fuera.
LEONOR lo espera tranquilamente junto a la fuente, sosteniendo su cuaderno. A su lado, LA VIRREINA sonríe triunfante, abanicándose con elegancia. Al ver pasar a Manolo con la Alférez pisándole los talones, Leonor da un paso al frente con una sonrisa demoledora.
LEONOR
(Con entonación implacable y triunfal)
¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada: la que cae de rogada, o el que ruega de caído? ¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga o el que paga por pecar? ¡Corra, Don Manolo, que la ciencia no lo salva de la espada!
(Con entonación implacable y triunfal)
¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada: la que cae de rogada, o el que ruega de caído? ¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga o el que paga por pecar? ¡Corra, Don Manolo, que la ciencia no lo salva de la espada!
DON MANOLO cruza el escenario gritando, seguido por la Alférez. LEONOR y LA VIRREINA se miran, chocan las palmas en un gesto cómplice y moderno, y miran al público.
FADE OUT.
EPÍLOGO
INT. TALLER DE REPARACIONES / CALLEJÓN DE LA ALAMEDA - DÍA SIGUIENTE
TEXTO EN PANTALLA o VOZ EN OFF: "Al día siguiente, bajo el radiante sol del virreinato..."
DON MANOLO está sentado en una banqueta de piedra. Tiene un ojo morado, la casaca remendada con hilos de colores y está rodeado de chatarra vieja. Intenta pegar sus anteojos rotos con baba y un poco de cera de vela.
Pasa un GRUPO DE CRIOLLAS adineradas vistiendo ricos mantones. DON MANOLO, incapaz de contener su naturaleza, se levanta de un salto, se aclara la garganta y adopta una postura "galante", extendiendo los anteojos rotos hacia ellas.
DON MANOLO
(Con voz engolada y teatral)
¡Gentiles damas! No os asustéis por mis heridas, que son de batallas espaciales. Contemplad los Quevedos del Destino Dividido. Un invento de mi autoría que permite ver dos mundos a la vez: uno de oro y otro de diamantes... ¡Por solo dos reales son vuestros!
(Con voz engolada y teatral)
¡Gentiles damas! No os asustéis por mis heridas, que son de batallas espaciales. Contemplad los Quevedos del Destino Dividido. Un invento de mi autoría que permite ver dos mundos a la vez: uno de oro y otro de diamantes... ¡Por solo dos reales son vuestros!
Las criollas se tapan la boca con sus abanicos, soltando risitas burlonas, y lo ignoran por completo, dejándolo solo.
Aparece LEONOR caminando por la acera de enfrente, cargando un enorme pergamino con un nuevo poema. Se detiene, mira a Manolo con una mezcla de diversión y resignación, y le grita desde lejos:
LEONOR
¡No cabe duda, Don Manolo! En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas? ¡Usted no aprende, pero reconozco que su empeño es casi tan infinito como sus embustes!
¡No cabe duda, Don Manolo! En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas? ¡Usted no aprende, pero reconozco que su empeño es casi tan infinito como sus embustes!
LEONOR sigue su camino sonriendo. DON MANOLO se encoge de hombros, le da un golpe a su catalejo roto (que lanza una última chispa de vapor) y mira al público.
DON MANOLO
Bah... ¡Es que no entienden el arte de los guapísimos y sencillísimos españolitos!
Bah... ¡Es que no entienden el arte de los guapísimos y sencillísimos españolitos!
FIN
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