martes, 3 de marzo de 2026

SACA A TU MAMI DE LA MALETA. POR JULIO AMADIS

 



Saca a tu mami de la maleta y tírala…

(al el fondo del mar.)

 

Saca a tu mami de la maleta y tírala (al fondo del mar)

Sinopsis Corta:

 

Diez años de pareja, una crisis de los 40 a la vuelta de la esquina y el fantasma de una madre que no se calla nunca. Elías, un neurótico profesor de letras clásicas, y Matt, un práctico gerente amante de las motos, intentan salvar su aniversario en una playa de México. Pero el equipaje es literal: Doña Rina, la madre fallecida de Elías, reaparece como una glamorosa visión de los años 50 para juzgarlo todo, desde su cuenta bancaria hasta su "estilo de vida". Una comedia ácida sobre el duelo, la codependencia y esa herencia emocional que, por más que intentemos, nunca terminamos de desempacar.

 

PERSONAJES:

 

  • ELÍAS (39): Profesor de Letras Clásicas. Ve acercarse su cumpleaños 40 como si fuera a presentar un examen de oposición.
  • MATT (32): Gerente comercial de una empresa de prestigio. Guapo, atrabancado como un potro, maneja motocicleta; prefiere a los hombres mayores.
  • DOÑA RINA (25): La madre ya fallecida de Elías. Aparece como una versión joven y glamorosa de los años 50. Solo ellos la ven.
  • ROBERTA (Voz/Video): La hermana "new age" de Matt.

ESCENA 1: Noche de ronquidos y despertares

 

ESCENARIO: Habitación de un hotel de surfistas frente al mar en Zicatela, Puerto Escondido, México. Una maleta abierta revela un casco de moto y, presidiendo la credenza, bajo la tv, un retrato gigante de una anciana (DOÑA RINA). La luz del sol es cegadora. El ambiente es húmedo, pero placentero. Un silencioso ventilador o un aire acondicionado portátil hacen más agradable la estancia.

(MATT está de pie, envuelto en una toalla, mirando significativamente a su esposo, tras haber sido expulsado de la cama. ELÍAS duerme abrazado a todo el edredón como si fuera un tesoro pirata. MATT le lanza una sandalia).

MATT: ¡Amor! ¡Despierta! Es nuestra "segunda luna de miel", no un concurso de quién duerme más. Ándale, pareces un viejito.

ELÍAS: (Despertando con dignidad herida) Viejitos tus lindos cachetes. Soy un modelo clásico que circula diario. Y tú, como te dormiste como un muerto desde las 9 de la noche, ya me quieres despertar como si fueras un poodle ansioso.

MATT: (Levantándose) No dormí tan bien, sabes… Había un bulldog gigante y baboso que me ponía encima sus patotas. Ah, y además roncaba.

ELÍAS: (Le habla al enorme cuadro de su madre) Mira, Mamá… Y tú querías que me casara con un médico o un banquero. Pero no, me casé con el chico de la moto.

MATT: Gerente comercial, aunque te cueste más trabajo decirlo.

ELÍAS: Y suicida motorizado… ¿Para qué trajiste tu casco?

MATT: Rentarán motos, ¿no?, o al menos una cuatrimoto.

ELÍAS: Seguro que sí, pero a ver quién te acompaña… porque yo… me voy como anciano de la tercera edad a broncear todo el día.

MATT: ¡Aburrido!

ELÍAS: ¡Salvaje!


ESCENA 2: LA ENTROMETIDA

(De pronto, una mujer joven, vestida con un traje de boda muy elegante con velo y sombrero, emerge de detrás de las cortinas. Es DOÑA RINA a los 25 años. Luce el vestido que siempre usaba para las bodas de su época. Se sienta en una silla con mucha propiedad).

DOÑA RINA: Yo siempre te insistí en que cultivaras tu amistad con Héctor, el banquero que tenía chofer. Él sí que era un gerente… de los que valen la pena…

MATT: (A DOÑA RINA) Ya empezó la señora. Le enseñaría mi recibo de nómina, señora Rina, pero mejor que su hijo le enseñe el suyo… De profesor de asignatura… Ah, qué poquito ganan; pero eso sí, son los grandes académicos, pura eminencia pobre.

ELÍAS: (Ofendido) Aunque te pese, trabajo en la mejor universidad de Latinoamérica, y lo sabes.

MATT: Sin plaza. Yo pago más de las tres cuartas partes de todo.

DOÑA RINA: (Ignorando a Matt) Ah, ahora anda de cuentachiles tu roomie… el del sueldito. Al menos hubieras conocido a don Ayub, era un poco mayor, pero tenía edificios completos en la del Valle…

ELÍAS: Sí, me lo presentaste, mamá… Antes de que te fueras…

MATT: ¿Al cielo?

ELÍAS: A dónde quiera que te encuentres…

MATT: ¿En el infierno?

DOÑA RINA: Vaya, tu dizque roomie hoy está muy ingenioso.

ELÍAS: Tú eres la que decía que era mi roomie.

DOÑA RINA: Eso decías tú… que Matías te ayudaba con la renta, y que dormía en… no sé dónde porque solo tenían una recámara en ese mugroso estudio de 40 metros cuadrados… y un solo baño, por Dios, un solo baño.

MATT: (Sarcástico) En la cocina, Doña Rina, yo dormía en la cocina… ¿Pues dónde más?...

DOÑA RINA: Sencillo, en el futón, te habría quedado bien…

MATT: Claro… ¡Uy, si ese futón hablara!

DOÑA RINA: Estás mal, muchachito, no tienes remedio.

MATT: (Muy irónico) Ah, y a propósito de estar mal… yo creo que de la cabeza, ¿no?, o de los pies… ja, ja…  me acuerdo que su dulce y atractivo esposo… decía que él ya sabía de tu “problema”, Elías…

ELÍAS: No me digas Elías… que no estamos enojados. Y no hables así de mi papa.

DOÑA RINA: Yo también siempre supe de tu problema, hijo… Te acuerdas de cuando ponías posters de hombres desnudos en tu recamara… Puras estatuas griegas decías, puro arte… Puros muchachos musculosos… Pero no ponías nunca a una mujer desnuda.

ELÍAS: Yo nunca tuve “un problema”, los que se ponían mal eran tú y papá… Ustedes sí que tenían un problema de aceptación. Ah, pero que no fuera yo a dejar pasar a un buen partido como tú decías, porque hasta le habrías dado una anacrónica dote si se trataba de un arquitecto o un doctor…

MATT: Anacrónica… vaya con el profe…

DOÑA RINA: Pues sí, pues cómo no… me hubiera gustado verte casado con un hombre que te mantuviera como te lo merecías y no con… Esto.

MATT: Ay, doña Rina, ya me acordé por qué no la invitamos a nuestra boda… ¡Se hubiera pasado el banquete presentándole solteros exitosos rucos y rubios a Elías! Lástima que no pudiera ir… Fue una boda civil encantadora, sin malas vibras, sin clasismo, sin homofobia y con pura gente sana y joven y no tóxica, ¿sabe?

ELÍAS: Bueno, ya, Matías, te estás pasando de la raya.

DOÑA RINA: (Con melancolía) De su supuesta “BODA”…  Pues… Me enteré por casualidad… Eso de publicar todo en el Facebook… ¿Sí sabían que todo el mundo se entera de sus travesuras?, ¡todo el mundo!

ELÍAS: (Cansado de ser tolerante) No, mamá… no fue una supuesta boda, fue un compromiso civil y legal… Y Travesuras a los cuarenta no lo creo… Oye, y acuérdate que yo nací de una travesura. ¿O tú y papá me engendraron en probeta?

DOÑA RINA: Me estás faltando al respeto, Elías.

MATT: (Remedándola) ¡Me estás faltando al respeto! ¡Elías!

DOÑA RINA: ¡Dile, dile que se calle! Demuéstrale quién lleva los pantalones.

MATT: Ay, señora, no me haga usted reír.

ELÍAS: Sí, mamá, será mejor que tengas un poco de respeto… O si no...


ESCENA 3: ECOS DEL PASADO

(Suena el celular de Matt: videollamada de ROBERTA. Se ve a una mujer con turbante y un sahumerio).

ROBERTA: ¡Namasté, pecadores! ¡Sultán les manda luz color zafiro! Elías, me vas a matar, pero Sultancito se tragó el cuarzo de amatista, el del librero turco.

ELÍAS: (Gritando al teléfono) ¡Ay, bruta… Espero que sea una de tus bromas!

MATT: Es una broma, es una broma. Mira, ahí está Sultancito durmiendo panza arriba.

ROBERTA: Ja, ja… no aguantas nada, abuelito… Ya casi me vas a alcanzar… ¿Cuántos?, ¿45?

ELÍAS: (Ignorando la provocación) ¿Y cómo está Chilaquil?

ROBERTA: Chilaquil está gordo, gordo, porque se la pasa leyendo libros de etimologías latinas y griegas y es tan sedentario que ya la silla donde estudia tiene su huella gorda y sedentaria. ¡Besos! (Corta).

ELÍAS: (Se mira la panza, horrorizado) ¿Me dijo gordo?

MATT: Gordo y sedentario. Nada que no te haya dicho yo.

ELÍAS: ¡Discúlpame, niño…Tengo casi cuarenta! ¡Es el metabolismo! ¡Mamá, ya te ofendiste ¿y ahora te vas a quedar callada? Sabes que conozco tus estrategias.

DOÑA RINA: (Cambiando la conversación) Tu hermana es una hippie, nunca me gustó. Yo con ella de lejitos.

MATT: ¿De eso se trata?, ¿ese es el remedio? Sabe una cosas, señora: Elías es un hippie, ¡Elías es un hippie de clóset!

DOÑA RINA: Eso del clóset ya se acabó, bien lo sé… eso de publicar sus trapos sucios en Facebook… ya no hay principios. Todo el mundo sabe de ustedes… dos.

ELÍAS: ¡Mamá! No entiendo por qué a pesar de que no aprobabas mi estilo de vida… a mí siempre me preferiste… Muy por encima de la hippie de mi hermana… No te parece que más que su madre fuiste su enemiga…

DOÑA RINA: Tu hermana no se merecía que la quisiera… Cuando se fue de… Hippie a los dieciocho años cumplidos, me retó… me hizo a un lado… y eso yo no lo perdoné nunca.

ELÍAS: Sabes qué, “mami” … ya me cansé de que todo gire en torno a lo que tu sientas tu apruebes o tú perdones… Creo que por lo pronto te guardaré en la maleta…

MATT: Sí, ese vals sí que me gusta, sí señor.

DOÑA RINA: No te atreverías, hijo… Mira, yo soy tu madre… Te alimenté con estos amorosos pechos… ten cuidado con tus decisiones que ya sabes que tendrán consecuencias… ¡Elías, noooo!

 

Durante ese último parlamento, Elías ha metido en el fondo de la maleta al retrato de su mamá, y al mismo tiempo, el personaje que representa a la madre joven se va lentamente atrás de la cortina hasta desaparecer.

 

 


Escena 4: TRANSICIÓN

Han pasado tres días. Matt y Elías se preparan para ir a la playa. Se les ve más relajados y con menos ganas de estar peleando.

 

Matt: Te gusta este traje de baño o de plano está muy, muy provocativo.

Elías: A mí sí que me provocas… Si se me nota que me hace efecto tu provocación tú tendrás la culpa.

Matt: Ah, qué bello es estar en silencio, siento que me acaricia el aire de la playa, siento que esta playa de surfistas es la mejor playa del mundo, con su olas tan altas y sus surfistas tan…

Elías: ¿Esculturales?

Matt: Guapos, guapos, no seas tan rebuscado.

Elías: No sé, Matt… No puedo dejar de sentirme culpable…

Matt: Ni se te ocurra sacarla de la maleta… echarías a perder el gran paso que has dado, mejor vámonos ya a la playa… Un mundo de surfistas de olas gigantes nos espera. Ándale, camina.

Elías: Sí, amor… tienes toda la razón, vamos.

 

ESCENA 5: LA PASARELA DE LAS OLAS

(Caminan por la pasarela hacia la playa. Matt luce sus tatuajes y su cuerpo de atleta. Elías lleva sombrero, gafas de sol y una bolsa de playa llena de bloqueador solar factor 100).

 

MATT: Relájate, Elías. Mira a esos surfistas... tienen veinte años y cero preocupaciones. Te están mirando.

ELÍAS: No me miran a mí, Matt. Me ven como el sugar daddy que paga las micheladas. O peor, ellos piensan que yo te las pago… Gracias, por cierto.

MATT: Ya sabes que para eso es el dinero.

ELÍAS: Mira a ese rubio... se te quedó viendo los abdominales. ¿Quieres que le dé mi bendición?

MATT: Y eso que no me ha visto en moto, con la camisa desabrochada y mis lentes de easy rider

ELÍAS: (Lo abraza por la cintura) Y eso que no te ha visto tirado en el asfalto después de que un taxista te atropelló y se echó a correr.

MATT: (Mirando el mar) ¿Sabes qué faltaría para cerrar estos maravillosos diez años juntos? Algo así como un evento extraordinario e irrepetible con un número tres.

ELÍAS: (Con una sonrisa pícara) ¿Un número tres? ¿Estás sugiriendo una "colaboración externa" en la cama? Mira que ese de la tabla de surf se ve muy sonriente...

MATT: (Aclarándose la garganta) ¿El que está demasiado joven para mí?… Ejem… No. Estaba pensando en una tercera botella de tequila, pero... (mira a otro surfista, luego a Matt). Pero mira, ese que se nos quedó viendo… es tan mayor como yo y casi tan anciano como tú… Si sabe hacer masajes en la espalda… el número tres podría ser negociable. Solo por hoy, eh.

ELÍAS: (Riendo) ¡Eres mi héroe, Matías! Es un alivio que hayamos metido a la señora Rina en el fondo de la maleta. No querría que viera cómo su hijo de cuarenta años intenta surfear y se desarticula con hombres guapos, sexis y de una edad perfecta y un cuerpo perfectos.

MATT: Tranquilo, galán. No seas tan perfecto que no estás dando clases. Pero, con todo, señor profesor: ¡Es tan placentero escucharlo decir esas palabras!

ELÍAS: ¿Lo de hombres guapos?

MATT: Lo de que estaría muy bien guardar a tu mami en el fondo del mar… (Elías lo fulmina con la mirada) Ja, ja… no me mires así… que se quede en la maleta, en la maleta… Pero ya no la saques… (Lo agarra del cuello) Ahhhh.

ELÍAS: Será mejor que corras porque si te alcanzo…

MATT: Ya estuvo, ya estuvo, ja, ja, ja… Acuérdate que tenemos un trío que hacer…

ELÍAS: Tienes razón, perdí la cabeza… ¡Vamos! ¡A celebrar nuestra luna de tres!

 

(Se abrazan mientras caminan hacia la orilla. Elías se quita la camisa con un gesto de "aquí estoy yo", mientras Matt le da un empujón hacia la primera ola. Doña Rina espectral, desde la ventana del hotel, parece hacerles un adiós con la mano mientras se desvanece).

 

MATT: ¡Cuidado con el agua, viejo!

ELÍAS: ¡Cállate y dame la mano, que hay un surfista rubio mirándote el trasero!

 

(Ríen mientras se hunden en el agua. El final queda abierto, bajo el sol brillante de los diez años vividos).


Fin