miércoles, 22 de octubre de 2025

Don Archibaldo y el Mundo Secreto (Narración sobre algunos humanos y muchos insectos y animales varios), por Benjamín Gavarre

  

 

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Don Archibaldo y el Mundo Secreto

(Narración sobre algunos  humanos  y muchos insectos y animales varios)


por Benjamín Gavarre

 

Capítulo 1: Las Gotas de Sol

 

En la casa de Don Archibaldo de la Luz, la vida tenía sus propias reglas. Era un lugar peculiar donde las arañas, mariposas negras, polillas, grillos y abejorros eran tan bienvenidos como Tobi, el perro leal. De alguna manera, se había corrido la voz: el "viejito", como le llamaban, no se molestaba con los insectos.

Era una casa de ventanas y balcones abiertos, donde ocasionalmente un colibrí entraba por error y salía sin pánico.

Una tarde de bochorno, cuando el aire estaba tan quieto que Carlita, la araña, sentía que su telaraña en la esquina no vibraba, se oyó el clic familiar de la manguera. Don Archibaldo sonrió, apuntó el chorro de agua no a las plantas, sino directo al cielo azul, y entonces ocurrió la magia. El agua subió y se rompió en un millón de finísimas gotitas, creando una lluvia personal que refrescó el patio.

Y con la lluvia, como por generación espontánea, llegaron ellas: una nube de mariposas amarillas.

—¡Qué maravilla! —suspiró una mariposa negra desde un lugar seco.

Pero no todos estaban admirados.

—Demasiado amarillas —zumbó una mosca, que siempre se creía experta en todo—. Es un color chillón. El negro tornasol, como el mío, es más elegante.

—¡Unas presumidas! —añadió una polilla, sintiéndose opacada.

—Es obvio de dónde salieron —sentenció la mosca a un escarabajo que miraba atónito—. ¡Nacieron del agua! El viejito las crea. Lanza el agua, el sol la atraviesa y ¡pum! Gotas de sol con alas.

Las mariposas amarillas, ajenas a la envidia y a las teorías sobre su origen, bebieron felices. Y cuando el viejito cerró la llave, desaparecieron tan misteriosamente como habían llegado.

 

Capítulo 2: El Concierto del Alacrán

 

Una noche, esa paz se rompió. Un sonido nuevo, seco y rítmico, llenó la casa.

¡Cran... cran!

—¡Eso no es un grillo! —chilló un grillo verdadero, escondiéndose.

¡Cran... cran!

—¡Es el alacrán! —gritó una polilla—. ¡Lo he visto! ¡Tiene una cola que da miedo! ¡"Cran cran" significa "voy a picar"!

El pánico fue total.

—¡Que se vaya! —exigió la mariposa negra—. ¡Hay que enviarlo al patio de atrás!

—¡Sí! —apoyó el grillo, asomando las antenas—. ¡Donde vive el gato malvado! ¡Ese sí que lo pondrá en su lugar!

Mientras debatían cómo moverlo sin ser picados, la mosca "experta" se posó a una distancia prudente.

—Oye, tú, el del "cran cran". ¿Qué pretendes?

El alacrán dejó de hacer su ruido. Miró a la mosca con sus múltiples ojos.

—¿Pretender? Probaba la acústica. Es excelente —dijo con voz rasposa—. Mi nombre es Antonio. Soy músico. ¿No reconocen un compás de 6x8?

Todos se quedaron helados. Antonio el alacrán explicó que el viejito lo había visto entrar y solo le había dicho: "Cuidado por dónde pisas, amigo". Esa noche, la casa tuvo un concierto inolvidable: el grillo tocaba su melodía aguda y Antonio lo acompañaba con su percusión rítmica.

 

Capítulo 3: Días Mosca y Noches Loro

 

La vida volvió a sus discusiones habituales. La mosca, sintiéndose segura en su charla con Carlita la araña (quien la escuchaba pacientemente, aunque por otras razones), presumía de sus viajes.

—Esto me recuerda al campo —zumbó la mosca, refiriéndose a una corriente de aire—. El aire fresco... ¡Soy una experta en el campo!

—¿Ah, sí? —preguntó Carlita, tejiendo.

—¡Claro! ¡Estuve en el estadio de fútbol! ¡Un lugar inmenso, verde y lleno de gente gritando! ¡Eso es el campo!

Un pajarito que entraba y salía de la casa soltó un trino que sonó a risa.

—¿Un estadio? Con respeto, amiga, pero el campo de verdad queda lejísimos. ¡Volando, me tomaría tres o cuatro días llegar!

Los insectos se quedaron boquiabiertos.

—¿Tres o cuatro días de pájaro? —preguntó Carlita—. ¿Cuántos "días mosca" serían esos?

Nadie supo qué era un "día mosca" ni cuánto vivía una.

—¡Alguien me habló una vez de un loro! —dijo la mariposa negra, cambiando de tema—. Dicen que habla y vive cien años.

—¿Un loro? —preguntó el grillo. Nadie en la habitación supo qué era eso.

 

Capítulo 4: El Olor del Peligro (El Gato Malvado)

 

Era una tarde perezosa. Don Archibaldo dormitaba en su sillón, con un libro abierto sobre el pecho, y un suave ronquido se unía a la sinfonía de la casa. Carlita reparaba un hilo de su telaraña. Todo estaba en calma.

Y entonces, el aire cambió.

No fue un sonido. Fue un olor. Un olor denso, almizclado, un olor a caza y a peligro.

Tobi, que dormía a los pies del sillón, levantó la cabeza de golpe, un gruñido sordo naciendo en lo profundo de su pecho.

Una sombra se deslizó por el balcón abierto. Era el Gato Malvado. Tenía ojos amarillos como linternas y un pelaje oscuro. Se agachó, sus ojos fijos en Carlita.

Grrrrrrrrr....

El gruñido de Tobi subió de volumen. El gato giró la cabeza, molesto, siseó.

—Vaya, vaya. Miren a quién tenemos aquí —dijo Don Archibaldo, que se había despertado.

El gato lo miró, calculando.

—Señor Gato —dijo Archibaldo, con calma—. Creo que esta no es su casa. Y esos —señaló a Carlita— no son sus aperitivos. Ándele. A su patio.

El gato, desconcertado por la falta de miedo del humano, dio media vuelta y, con un salto resentido, desapareció por el balcón.

—¿Vieron eso? —susurró la mosca—. ¡El Viejito es un domador de bestias!

 

Capítulo 5: El Misterio de la Foca que Respira Aceite

 

No todos los visitantes eran bienvenidos. Un martes, en lugar de Don Archibaldo, llegó la "Señora Enojada". Entró suspirando, haciendo ruidos fuertes con cubetas y trayendo olores que picaban en las antenas.

—¡Escóndanse! —gritó Carlita.

Desde sus escondites, la comunidad observaba a la nueva criatura.

—¿Qué... qué tipo de animal es ese? —susurró una polilla.

—¿Será un loro? —aventuró el escarabajo.

—¡No! No tiene plumas —dijo la mosca—. ¡Ya sé! ¡Es una foca!

La teoría era audaz.

—¿Una foca? ¿Aquí? —dudó el grillo.

—¡Claro! —insistió el escarabajo—. ¡Necesita estar mojada! ¡Y huele raro porque las focas respiran aceite!

—¡Absurdo! —intervino el grillo—. Mi primo vive cerca del acuario. ¡Las focas comen pescado! ¿Ves a esta comiendo pescado? ¡No! ¡Está atacando los muebles con un trapo!

La señora terminó, soltó un suspiro largo y triste mirando por la ventana, y se fue.

—Ya sé lo que es —dijo la mosca en voz baja—. Es un humano. Como el viejito. Pero es uno que tiene una vida terrible. Apuesto a que no tiene ni un solo perro. Ni siquiera tiene un gato malvado que la acompañe.

 

Capítulo 6: El Viejito-Cachorrito

 

Pero había otro visitante, el más aterrador y confuso de todos. Primero se oía un ¡RUUUUM-BAP-BAP! que hacía vibrar los cristales. Luego, los pasos: Paso... arrastre. Paso... arrastre.

Era Heraclio de la Luz, el hijo. Tenía 37 años, pero para los insectos era el "Viejito-Cachorrito": la versión joven, rápida y enojada de Don Archibaldo.

—¡Escóndanse! ¡Es él! —chilló el grillo—. ¡El que camina chueco!

—¡Es un cazador! —sentenció la mosca—. Ese ¡RUUUUM! es su máquina de la velocidad. ¡Y camina chueco porque lo embistió un rinoceronte! ¡Por eso está tan enojado!

Heraclio entró dando un portazo.

—Archibaldo. Aquí está tu despensa.

Don Archibaldo de la Luz bajó su libro.

—Ah, Heráclito, hijo. Qué bueno que llegas.

Heraclio gruñó mientras guardaba las cosas con eficiencia violenta.

—Te lo he dicho, no me llames Heráclito. Y deja de leer. ¿Ya comiste?

—Aún no.

El rostro enojado de Heraclio se suavizó por un instante. Calentó un recipiente que trajo y se lo puso delante.

—Come.

Desde las sombras, los insectos no entendían nada. Le daba órdenes al viejito, pero también le daba de comer.

—Es porque nació sin mamá —susurró Tobi, que entendía esas cosas—. Es solitario. Y su madriguera... es esa máquina ruidosa.

 

Capítulo 7: El "Bug" y la Filosofía del Río

 

Otro día, Heraclio llegó más frustrado que de costumbre.

—¡Archibaldo! ¡La gente en la calle está loca hoy! ¡Loca!

—Hola, Heráclito —saludó el viejito, levantando la vista de un crucigrama—. ¿"Loca" en qué sentido filosófico? Por cierto, siempre me ha gustado nuestro apellido. Al menos eres "de la Luz" y no "del Río", como tu tocayo Heráclito de Éfeso, que decía que todo fluye...

—¡Ya vas a empezar con el río! —cortó el joven, frotándose la cara—. ¡Mi paciencia no fluye! ¡Tengo un "bug" gigante en el sistema del cliente nuevo y no sé por dónde empezar! ¡Odio los "bugs"!

Un terror helado recorrió a los insectos.

—¡UN "BUG"! —gritó la polilla—. ¡En el sistema!

—¡"Bug" es insecto! —chilló el grillo—. ¡Nos odia! ¡Quiere acabar con nosotros!

—¡Va a fumigar! —lloriqueó la mosca.

Estaban a punto de provocar una estampida cuando una voz aguda bajó del balcón. Era Ardi, una ardilla que a veces robaba nueces de la cocina.

—¡Shhh! ¡Ignorantes! —castañeteó—. ¡Cálmense! "Bug" es una palabra de humano. Cuando sus cajas de luz no funcionan, dicen que tienen un "bug". Significa "error". Un "insecto" en su máquina. No se refiere a ustedes. Se refiere a un problema que tienen ellos.

Los insectos soltaron un suspiro colectivo de alivio.

Mientras tanto, Don Archibaldo señalaba con la barbilla el hombro de su hijo. Una mariposa amarilla se había posado en la chaqueta de cuero negro.

—¡Quieto! —dijo Archibaldo—. Mírala. Es perfecta. ¿Qué "bug" de computadora puede competir con eso?

Heraclio, el hombre ruidoso de la motocicleta, se quedó inmóvil. Observó las alas amarillas. Y entonces, Carlita, que tenía el mejor ángulo, lo vio: una pequeña, casi invisible, pero genuina sonrisa se dibujó en la cara de Heraclio mientras murmuraba: "Eres un caso, Archibaldo".

 

Capítulo 8: La Tortuga que Recordaba Todo

 

La casa se sentía extraña. Don Archibaldo llevaba dos días sin salir. Tobi estaba echado junto a la puerta de su habitación y no se movía. Heraclio había venido, había hecho ruidos extraños que sonaban a llanto, y se había ido.

—¿A dónde se fue el Viejito? —preguntó la mariposa negra.

—¡Tomó un avión! —insistió la mosca.

—No creo... —dijo Tobi en voz baja—. Esta vez es diferente.

—Eran todos unos tontos —dijo una voz nueva, lenta y grave como piedras viejas.

Desde las sombras profundas debajo de la biblioteca, salió Casiopea, la tortuga. Nadie la había visto moverse en años.

—Llevo en esta casa más tiempo que el polvo —dijo—. ¿Quieren saber quién era Archibaldo? No era un rey. Era un maestro. Siempre fue así de amable. Y tenía una mujer... tan brillante como una mariposa amarilla. Pero se fue muy rápido, justo después de que llegara Heráclito.

»Y Archibaldo se quedó con el niño. Le enseñó todo: libros, historia, sus discos de música. Y Heráclito le enseñó a él. Le enseñó de internet. Archibaldo tenía amigos por internet, pero venía y me decía: "Casiopea, qué gente tan rara. Estábamos hablando y de repente me ghostearon". O: "Creo que me banearon del grupo de crucigramas". No entendía esas cosas.

»Al final, siempre volvía a lo mismo —continuó la tortuga—. A sus plantas. A nosotros. Pero no se cuidaba él. Heraclio le rogaba que fuera al doctor. Pero él solo sonreía. Y antier... se fue. Como un pajarito. Se durmió escuchando su música y ya no despertó.

Un silencio pesado cayó sobre la habitación.

 

Capítulo 9: La Nueva Casa (Epílogo)

 

La puerta se abrió. Era Heraclio. No era el "Viejito-Cachorrito" enojado, sino un hombre con una tristeza práctica. Llevaba cajas.

Heraclio caminó por la casa, guardando los libros de su padre, los discos. Vio a Tobi y le rascó las orejas.

—Tú vienes conmigo, viejo amigo.

Luego vio a Casiopea.

—Y tú también, anciana. Papá no querría que te quedaras sola.

Finalmente, sus ojos se posaron en la esquina de la ventana. En Carlita, paralizada de terror en su telaraña.

Heraclio la miró. Fue a la cocina, tomó un frasco de vidrio y un cartón. Con una delicadeza que nadie le había visto jamás, acercó el frasco.

—Vamos, amiga —le susurró—. Tienes que mudarte.

Con cuidado, guio a Carlita dentro del frasco y le hizo agujeros a la tapa.

Se quedó mirando la casa vacía. Tobi junto a su pierna, el frasco en una mano y la caja con Casiopea en la otra.

—Venderé la casa —dijo en voz alta, para sí mismo—. No puedo... no puedo estar aquí sin él.

Salió por última vez, con su paso... arrastre. Y aunque vendiera las paredes, Heraclio se llevaba el corazón de la casa. Sabía que dondequiera que pusiera ese frasco, en su nuevo y solitario departamento, no pasaría mucho tiempo antes de que un grillo encontrara el camino, o una polilla se sintiera atraída por la luz.

El departamento nuevo era silencioso. Heraclio se sentó en el sofá moderno. El silencio de la casa vacía era enorme.

Bzzzz...

Una mosca. Común y corriente. Zumbando.

Heraclio levantó la mano, el viejo instinto de aplastarla. Pero se detuvo. Bajó la mano. Soltó un suspiro largo, cansado, que sonó exactamente como los de su padre.

—Está bien... —murmuró, agitando la mano para espantarla—. Puedes quedarte. Pero no traigas a tus amigos ruidosos. ¿Entendido?

La mosca se posó en la lámpara del techo.

Heraclio sonrió. Una sonrisa diminuta, casi invisible, triste y real. El espíritu de Archibaldo de la Luz no se había ido del todo.


 

 


martes, 21 de octubre de 2025

Victoria Secretísima: Dos Versiones de un Huracán Versiones en español e inglés, por Benjamín Gavarre

 

 

Victoria Secretísima: Dos Versiones de un Huracán 

 

Versiones en español e inglés


 


English Version

Victoria Secretísima: Hurricane Victoria, Live!

By Ben Gavarre

 

This work has been published for free and open dissemination, although all intellectual property rights are reserved. Public use of this work requires permission from the author and for permission contact bengavarre@gmail.com or gavarreunam@gmail.com (Reg. Prop. Int. Expte. Inbox)

 

Characters:

  • Victoria Secretísima: The diva of scandal, owning her circus.
  • Faustino de la Balsa: The host, an increasingly cornered prey.
  • Lola: The assistant, whose patience is about to run out.
  • The Producer (Ricardo): A man on the verge of a nervous breakdown, with ratings and auditions on his mind.

Scene:

(Victoria Secretísima’s dressing room is a shrine to glorious chaos. A thousand-dollar sequin dress lies on a chair like a beautiful casualty, next to a half-finished bottle of expensive tequila. Flower petals litter the floor, and a Tex-Mex ranchera-cumbia beat throbs defiantly. Lola, visibly annoyed, chases Victoria with a hairbrush, trying to tame a rebellious strand.)

LOLA: Victoria, please, stay still. Faustino will be here any minute and the contract says you have to look "serene and reformed." And I can't take your crap anymore!

VICTORIA: (She laughs, dodging the brush and pouring herself a drink) Serenity is for the dead and for yogis, mi amor. And I am more alive than ever. "Reformed" sounds like a prison. I prefer "deluxe edition." (She takes a sip of tequila).

(The door bursts open and The Producer (Ricardo), a suited man with an earpiece, enters with Faustino de la Balsa and a cameraman. Ricardo looks tense, Faustino, intimidated.)

PRODUCER (RICARDO): (In a forced calm voice) Victoria, Faustino, a pleasure. We're two minutes from going live. Everything in order, right? (He looks at Lola with a raised eyebrow, trying to assess the chaos).

LOLA: (Muttering to Ricardo, but loud enough for Victoria) Everything but order, Ricardo. She's untamable.

VICTORIA: (With a predatory smile, ignoring Lola and Ricardo, she turns to Faustino) I'm always ready for history, Fausto. The question is, are you ready for me?

(Faustino swallows hard and signals for the cameraman to start rolling.)

FAUSTINO: (Finding his TV host voice) Good evening! We are live, in the eye of the storm, with the woman who turned scandal into an empire. The one and only Victoria Secretísima! Victoria, the world saw you on yachts, in suites... but the people want to know, after that one night, who is the real Victoria?

VICTORIA: (She lets out a sharp laugh and, in a flash, snatches the microphone from Faustino's hand.) The real me? Don't bullshit me, Fausto! The truth is boring. (She speaks directly into the mic as if she's the host now). The "truth" is that night was the best publicist I've ever had. It freed me from the stupidity of being perfect. The best therapy isn't a shrink, it's a good media scandal that makes you double the cash. You should try it, you look a little tense. (She winks at Faustino).

LOLA: (With her arms crossed, visibly irritated) That's enough, Victoria! We have a script! Show some respect for the production!

VICTORIA: (Looking at Lola with a frozen smile) Oh, my dear Lola. Do you think you're the producer now? Relax that nalga, I'm the star.

FAUSTINO: (Turns to Ricardo, his eyes pleading for help) Ricardo... (he discreetly gestures with his head towards Victoria, desperate).

PRODUCER (RICARDO): (Intervenes, trying to be firm) Victoria, Lola is right. We need to maintain some decorum. We're live.

VICTORIA: (Ignoring Ricardo, she speaks into the microphone to Faustino). In those videos, you were seen with powerful people... "Sammy, el Daddydad"; "Cinthie, la JesusChrist"...

LOLA: (Now completely at her limit, she steps forward, her voice trembling with anger) Sammy and Cinthie are decent people! Don't use their names for your circus! I'm tired of these scandal interviews, of having to clean up your mess! Of you not listening to me, of treating me like your... your lapdog! One of these days, Victoria, one of these days I'm going to be capable of...!

(A tense silence fills the room. Faustino and Ricardo's eyes widen at the impending explosion.)

VICTORIA: (Her smile vanishes completely. She slowly lowers the microphone, looking at Lola with cold, controlled fury). Are you threatening me, Lola? Me? Your golden goose? (She laughs humorlessly). How naive.

PRODUCER (RICARDO): (Steps forward, desperate to defuse the situation) Enough! This is getting out of control! Victoria, Lola, stop!

VICTORIA: (Ignoring Ricardo, she stands up, facing Faustino, who still holds the mic with a terrified expression). Besides, you know what really pisses them all off? That despite all this chingadera, these things are still standing firmer than your convictions. (She leans forward, pretending she's about to open her silk robe). Look, I'll show you they're real, not like...

FAUSTINO: (Goes into full panic, covering the camera lens with his hand and frantically gesturing to Ricardo to get him out of there) No, no, Ms. Victoria, please! I'm begging you, this is a family-friendly time slot! For the love of God!

VICTORIA:

(Sits back down, howling with laughter).

Ay, so delicate! Fine, fine. (Her face shifts, adopting a mask of tragedy). You're right. Let's talk about my pain. The people deserve the truth about my broken heart. Come closer, Faustino. Ask me about Tarunda Cosmos.

(Faustino, seeing a chance to salvage the interview, composes himself.)

FAUSTINO:

Exactly... there was so much speculation about your closeness with Tarunda Cosmos. What was really between you two?

VICTORIA:

(A single, perfect, fake tear rolls down her cheek).

Tarunda... she was my forbidden love. We were two shooting stars destined to collide in the darkness. We’d meet in service elevators, kiss in the wine cellars of fancy restaurants, pretending to be strangers if anyone came near. Those parties everyone talks about... they were our only chance. I would get drunk just for the courage to brush her hand for five seconds... It was a poetic hell.

(The mood has become tense and emotional. Faustino is completely hooked, believing he's landed the scoop of the century. Victoria stares at him, her lip trembling...)

VICTORIA:

(She suddenly screams, making everyone jump)

STOP! EVERYBODY QUIET! (The room falls silent). I'm going to tell a joke.

(She clears her throat, staring intently at Faustino and the camera.)

VICTORY: (Screams suddenly) "Do you know why you should never give too much information to an interviewer?"

—(Silence. He holds his gaze, leaving a few seconds of awkward and tense silence. Faustino blinks, confused).

"Exactly. Because silence is the best answer. Ha, ha.

Is the interview over?

(She rises, glorious. She grabs the tequila bottle, takes a huge swig, and sprays it in the air like champagne. Lola closes her eyes in defeat.)

LOLA: (In a low voice) I'm going to be fired... Victoria?

VICTORIA: (Dismissively) Never, my faithful assistant, never again.

PRODUCER: Five Minutes, Victoria, Five... The stage is set. Lola, come and help me.

VICTORIA:

The story, Faustino, is that hell is the best place to do business. And my tragedy is the most valuable product I own. Now if you'll excuse me, I have an audience to worship and seduce me.

(She throws the empty bottle onto a velvet sofa and sweeps out of the room like a queen. The crowd roars her name. The music explodes.)

FAUSTINO:

(Shaking, soaked in tequila and confusion, he looks at the camera)

And... there you have it... Victoria Secretísima. I have no earthly idea what the hell just happened. We’re going to a break… and a commercial for Tums. I need it.

DARK FADE

 

The Ballad of La Secretísima

(Music starts: A Tex-Mex corrido beat with accordion and a strong bass line)

(Accordion and guitar kick off with a flourish)

Faustino de la Balsa,

Came looking for the scoop,

But Secretísima,

Threw him for a loop.

She yelled "you animal!"

He fell to the floor,

In that dressing room,

He could take no more.

She talked of the parties,

And secrets she knew,

Of forbidden kisses,

And fame's bitter brew.

She snatched up the microphone,

Then cracked a bad jest,

"My boobs are the real deal!"

Putting him to the test.

Lola, she complained,

"I'm so fed up now!

You never listen,

Victoria, somehow!"

But the diva just laughs,

No sorrow in sight,

She is the storm's heart,

Burning ever so bright!

Just look at the camera,

A hurricane's there,

I'm selling my drama,

Beyond all compare!

 



 

 

Victoria Secretísima: El Huracán en Vivo

Por Benjamín Gavarre

 Este trabajo ha sido publicado para su difusión libre y abierta, aunque todos los derechos de propiedad intelectual están reservados. El uso público de esta obra requiere el permiso del autor y para obtener la autorización correspondiente comuníquese con bengavarre@gmail.com o gavarreunam@gmail.com (Reg. Prop. Int. Expte. Bandeja de entrada)

 

Personajes:

  • Victoria Secretísima: La diva del escándalo, en pleno control de su circo.
  • Faustino de la Balsa: El presentador, una presa cada vez más acorralada.
  • Lola: La asistente, cuya paciencia está a punto de agotarse.
  • El Productor (Ricardo): Un hombre al borde de un ataque de nervios, con la audición y el rating en la mente.

Escena:

(El camerino de Victoria Secretísima es un santuario del caos glorioso. Un vestido de lentejuelas de miles de dólares yace sobre una silla como una víctima, junto a una botella de tequila caro a medio terminar. Hay pétalos de flores en el suelo y suena una ranchera-cumbia tex-mex a un volumen desafiante. Lola, visiblemente molesta, persigue a Victoria con un cepillo, intentando domar un mechón de cabello rebelde.)

LOLA: Victoria, por favor, quédate quieta. Faustino llega en un minuto y el contrato dice que debes lucir "Tarunda y reformada". ¡Y ya no aguanto más tu rollo!

VICTORIA: (Se ríe, esquivando el cepillo y sirviéndose un trago) La serenidad es para los muertos y los yoguis, mi amor. Y yo estoy más viva que nunca. "Reformada" suena a cárcel. Yo prefiero "edición de lujo". (Le da un sorbo al tequila).

(La puerta se abre abruptamente y entra El Productor (Ricardo), un hombre trajeado con un auricular, junto a Faustino de la Balsa y un camarógrafo. Ricardo se ve tenso, Faustino, intimidado.)

PRODUCTOR (RICARDO): (Con voz forzadamente calmada) Victoria, Faustino, un placer. Estamos a dos minutos de salir al aire. Todo en orden, ¿verdad? (Mira a Lola con una ceja levantada, intentando evaluar el caos).

LOLA: (Murmurando a Ricardo, pero lo suficientemente alto para Victoria) Todo menos en orden, Ricardo. Ella está indomable.

VICTORIA: (Con una sonrisa depredadora, ignorando a Lola y Ricardo, se dirige a Faustino) Yo siempre estoy lista para la historia, Fausto. La pregunta es, ¿tú estás listo para mí?

(Faustino traga saliva y le hace una seña al camarógrafo para que empiece a grabar.)

FAUSTINO: (Recuperando su voz de presentador) ¡Buenas noches! Estamos en vivo, en el centro de la tormenta, con la mujer que convirtió el escándalo en un imperio. ¡La inigualable Victoria Secretísima! Victoria, el mundo te vio en yates, en suites... pero la gente se pregunta, después de esa noche, ¿quién es la verdadera Victoria?

VICTORIA: (Suelta una carcajada y, en un movimiento felino, le arrebata el micrófono a Faustino.) ¿La verdadera? ¡No mames, Faustino! La verdad es un concepto tan aburrido. (Habla directamente al micrófono como si fuera la anfitriona). La "verdad" es que esa noche fue la mejor publicista que he tenido. Me liberó de la estupidez de ser perfecta. La mejor terapia no es el psicoanálisis, es un buen escándalo mediático que te haga facturar el doble. Deberías probarlo, se te ve muy tenso. (Le guiña un ojo a Faustino).

LOLA: (Con los brazos cruzados, visiblemente irritada) ¡Ya estuvo bueno, Victoria! Tenemos un guion. ¡Respeta a la producción!

VICTORIA: (Mirando a Lola con una sonrisa congelada) Ay, mi querida Lola. ¿Ya te sientes la productora ahora? Relaja esa nalga, que la estrella soy yo.

FAUSTINO: (Se vuelve hacia Ricardo, con los ojos implorando ayuda) Ricardo... (gesticula discretamente con la cabeza hacia Victoria, desesperado).

PRODUCTOR (RICARDO): (Interviene, intentando ser firme) Victoria, Lola tiene razón. Hay que mantener un poco el decoro. Estamos en vivo.

VICTORIA: (Ignorando a Ricardo, habla por el micrófono a Faustino). En esos videos se te vio con gente muy poderosa... "Sammy, el Daddy dad"; a "Cinthie, la JesusChrist"...

LOLA: (Ya al límite, da un paso adelante, con la voz temblorosa de rabia) ¡Sammy y Cinthie son personas decentes! ¡No uses sus nombres para tu circo! ¡Estoy harta de estas entrevistas de escándalo, de tener que limpiar tu desmadre! ¡De que no me tomes en cuenta, de que me trates como si fuera tu... tu perra faldera! ¡Un día de estos, Victoria, un día de estos voy a ser capaz de...!

(Un silencio tenso llena la habitación. Faustino y Ricardo abren los ojos como platos, viendo la inminente explosión.)

VICTORIA: (Su sonrisa se borra por completo. Baja el micrófono lentamente, mirando a Lola con una furia fría y controlada). ¿Me estás amenazando, Lola? ¿A mí? ¿Tu gallina de los huevos de oro? (Se ríe sin humor). Qué ingenua.

PRODUCTOR (RICARDO): (Da un paso adelante, desesperado por calmar la situación) ¡Basta! ¡Esto se está saliendo de control! Victoria, Lola, ¡basta!

VICTORIA: (Ignorando a Ricardo, se pone de pie, encarando a Faustino, que sigue con el micrófono en mano y la cara de terror). Además, ¿sabes qué es lo que más les arde a todos? Que a pesar de tanta chingadera, éstas siguen más firmes que tus convicciones. (Se inclina hacia adelante, amagando con abrirse la bata de seda). Mira, para que veas que son de verdad y no como las de...

FAUSTINO: (Entra en pánico total, cubriendo la lente de la cámara con la mano y gesticulando frenéticamente a Ricardo para que lo saque de ahí) ¡No, no, señora Victoria, por favor! ¡Le suplico, estamos en horario familiar! ¡Por el amor de Dios! VICTORIA

(Se sienta de nuevo, muerta de risa).

¡Ay, qué delicado! Bueno, ya. (Su rostro cambia, adoptando una máscara de tragedia). Tienes razón, hablemos de mi dolor. La gente merece saber la verdad de mi corazón roto. Faustino, acércate. Pregúntame por Tarunda Cosmos.

(Faustino, viendo una oportunidad de salvar la entrevista, se recompone.)

FAUSTINO

Precisamente... se especuló mucho sobre tu cercanía con Tarunda Cosmos. ¿Qué había realmente entre ustedes?

VICTORIA

(Una lágrima falsa y perfecta rueda por su mejilla).

Tarunda... fue mi amor prohibido. Éramos dos estrellas fugaces destinadas a chocar en la oscuridad. Nos veíamos en elevadores de servicio, nos besábamos en bodegas de vino de restaurantes carísimos, fingiendo que éramos extrañas si alguien se acercaba. Las fiestas de las que tanto hablan... eran nuestra única oportunidad. Yo me emborrachaba para tener el valor de rozar su mano cinco segundos... Era un infierno poético.

(El ambiente se ha vuelto tenso y emotivo. Faustino está completamente absorto, creyendo haber conseguido la exclusiva del siglo. Victoria lo mira fijamente, su labio tiembla...)

VICTORIA

(Grita de repente, haciendo que todos salten)

¡ALTO! ¡SILENCIO TODO EL MUNDO! (El silencio es total). Voy a contar un chiste.

(Se aclara la garganta, mira fijamente a Faustino y a la cámara).

VICTORIA

(Grita de repente)

—¿Sabes por qué nunca hay que darle demasiada información a un entrevistador?
—(Silencio. Sostiene la mirada, dejando unos segundos de silencio incómodo y tenso. Faustino parpadea, confundido).

—Exacto. Porque el silencio es la mejor respuesta. Ja, ja.

¿Terminó la entrevista?

 

(Se levanta, Gloriosa. Agarra la botella de tequila, le da un gran trago y la rocía en el aire como si fuera champán. Lola cierra los ojos, derrotada).

LOLA: (En voz baja) Me van a despedir... ¡Victoria?

VICTORIA: (Con desdén) Nunca, mi fiel ayudante, nunca jamás.

PRODUCTOR: Cinco minutos, Victoria, Cinco… Ya está listo el escenario. Lola, ven a ayudarme.

 VICTORIA: La historia, Faustino, es que el infierno es el mejor lugar para hacer negocios. Y mi tragedia es el producto más valioso que tengo. Ahora, si me disculpas, tengo un público que aclamar y seducir.

(Lanza la botella vacía sobre un sofá de terciopelo y sale del camerino como una reina. La multitud ruge su nombre. La música explota.)

FAUSTINO: (Temblando, empapado en tequila y confusión, mira a la cámara)

Y.… ahí la tienen... Victoria Secretísima. No sé qué chingados acaba de pasar. En serio. Vamos a un corte... y a un comercial de antiácidos. Lo necesito.

 

OSCURO FINAL

Corrido de la Secretísima

(Música de corrido tex-mex, con un ritmo muy marcado y cantable de 2/4)

(Acordeón y bajo sexto inician con fuerza)

Faustino de la Balsa

buscando la gran nota,

con la Secretísima

se volvió un idiota.

Le gritó "¡animal!"

lo vio en la lona,

en ese camerino

sin corona.

Le habló de los yates

y amores secretos,

de besos prohibidos

y falsos respetos.

Le quitó el micrófono,

le contó un mal chiste:

“¡Mis pechos son reales,

qué lento te viste!”.

Lola se quejaba,

“¡Estoy ya muy harta!

¡No tomas en cuenta,

Victoria, mi carta!”

Pero la diva ríe,

no muestra dolor,

ella es la tormenta,

¡la reina del show!

Miren a la cámara,

verán un gran show,

yo vendo mi vida,

¡qué gran diversión!